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El placer de comunicar
los sabores que
conmueven




Por Natalia Hoyos
Instagram: @nats.cocina

Este año que recién ha concluido, hablamos más que nunca, desde muchos lugares, con muchas voces y a velocidades distintas. Publicamos, compartimos, opinamos y reaccionamos.

La comunicación no está rota, al contrario, está viva, acelerada, omnipresente. Pero quizás por eso mismo, hoy más que nunca, necesita pausa, intención y oficio.

Hay algo que sutilmente me hace ruido, que recuerdo todos los días. Hace ya muchos años, no diré cuantos, cuando estudiaba la Universidad, en una clase de marketing nos proyectaron una película que en ese momento me parecía casi exagerada: The Joneses, con Demi Moore, junto a David Duchovny, más célebre por Los Expedientes Secretos X (título que me temo, delata mi edad). La historia giraba en torno a una agencia que creaba familias aparentemente perfectas, colocadas estratégicamente por zonas, cuya función real era detonar el deseo de consumo a través de productos que todos querían tener.

En ese entonces se sentía como ficción: hoy no tanto.

No lo critico, al contrario, estoy cien por ciento segura, que no hay mejor manera de vender que de boca en boca: lo cotidiano, lo que se observa y se comparte. Yo misma me he dado cuenta de eso, me dedico a recomendar todo aquello que me funciona y que me gusta. Comparto lo que que amo de la cocina, mis experiencias, el descubrimiento de sabores en los lugares que visito, los platos que me conmueven. Y justamente por estar dentro, sigo aprendiendo y quiero hacerlo mejor. 

Aquí empiezan mis interrogantes. ¿Es válido decir “me gusta”? ¿Es válido no compartir lo que “no te gusta”?, hoy comunicar es también un trabajo y, cuando se hace bien, como lo hacen muchos amigos queridos que se dedican a esto, es una forma honesta y valiosa de vivir. Quizás por eso sigo profesionalizando mi manera de comunicar, quizás por eso no me atrevo a hablar desde la crítica, si no desde la observación consciente.

Hace un mes tuve la fortuna de ser invitada al aniversario de Le Cordon Bleu en la Universidad Anáhuac, gracias a la columna que este medio digital me permite compartir. La cena fue servida por los alumnos de octavo semestre. Fue su examen final, una cena preparada para periodistas, chefs, académicos y profesionales del medio. Imaginen los nervios, la presión.


Aniversario Le Cordon Bleu

Entonces pienso: 4 años de estudio. Años de insumos, materiales, transporte, jornadas completas en el campus. Lo vi también en octubre, durante el Festival Cenizo, con alumnos de la carrera de Gastronomía de la UAC dando todo su esfuerzo y entendiendo, desde la práctica, que no es una carrera fácil. ¿Por qué demeritar esa profesionalización, ese tiempo invertido? No está mal estudiar una carrera. Tampoco está mal ser empírico, tomar cursos, diplomados, recorrer ciudades para trabajar en cocinas y poder conocer el oficio desde adentro, esa también es una manera de profesionalizar la pasión.

No está mal que quienes salimos a comer digamos qué nos gusta, cuando lo compartimos desde nuestra sincera apreciación personal y el respeto hacia quien cocina. 

No se trata de volver al pasado ni de idealizar otras formas de decir. Se trata de entender que comunicar no es sólo emitir; sino construir: contexto, lenguaje, responsabilidad. Que no todo mensaje necesita ser inmediato, pero si claro. Que no toda voz fuerte es una voz preparada.

Tal vez el error no esté en comunicar, sino en cómo lo hacemos.

En el copy, en la intención.

En la responsabilidad de entender qué estamos diciendo… y desde dónde.

Tal vez el siguiente paso no sea hablar más, si no comunicar mejor. Con más criterio, con más formación y más conciencia del impacto que tienen las palabras cuando salen al mundo.

Inicio el año con esta reflexión, no como crítica sino como invitación a elevar la conversación. Porque cuando la comunicación mejora, lo demás también.



Sobre Natalia Hoyos: Comensal y cronista gastronómica del norte de México, egresada de programas de educación en turismo y en tránsito con un diplomado en periodismo gastronómico.
Goza de una columna que comparte en la revista digital Copas y Corchos, además de diseñar recetas prácticas que disfrutan todos los días en sus redes sociales.
Ha sido presentadora en festivales gastronómicos como ExpoPan y Expo Gastronómica, donde disfruta de interactuar con las asistentes y los cocineros, mostrando el lado amable de la cocina.
Es la creadora de Paralelo Experiencias en dónde ofrece al público, cenas, cursos y vivencias inolvidables conectadas con la gastronomía y el vino.

Instagram: @nats.cocina



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Bar Zaragoza
pionero de la coctelería clásica
en Torreón




Por Natalia Hoyos
Instagram: @nats.cocina


Recuerdo bien cuando Zaragoza abrió sus puertas, buscaba lugares diferentes, con otros conceptos, donde pudiera ver y probar cosas nuevas. Hace diez años no era nada común ir a tomar una copa al centro de la ciudad, solo se encontraban cantinas donde las mujeres no éramos clientas asiduas.

Y de repente, podías encontrar éste lugar sobre la calzada Colón, con unos ventanales amplios, que respetaba la arquitectura original del edificio sin perder la intención de su diseño, donde al asomarte solo podías observar una barra con 4 o 5 mesas y dos o tres en la banqueta.

La primera vez que fui, me sorprendió mucho la carta, no había más que cócteles y una que otra cerveza artesanal. Al no saber tanto del tema, he de confesar que me dejé guiar por una o varias series de televisión al pedir un trago, para verme un tanto interesante, un martini para ser exacta.

Mi hermana acababa de llegar de Barcelona después de 2 años, así que sentíamos que era el spot perfecto para que pasáramos grandes noches, por el servicio y la atmósfera que en ese entonces no parecía Torreón.

Algunas veces íbamos en grupo y más de uno hacia una mueca extraña al ver los precios de la carta, no estaban acostumbrados a pagar mas de los 30 pesos que valían las cervezas en cualquier cantina.




Pero cuando llegaba el trago se daban cuenta que valía la pena.

Ahí probé mi primer Negroni, mi primer Aperol Spritz, mi primer Moscow mule y fue ahí donde conocí lo que eran los bitters en la coctelería. 

Eso fue hace ya 10 años. Me atrevo a decir que fue mi primer acercamiento a la coctelería clásica y una que otra propuesta.

Ha pasado por muchas remodelaciones, cambios en la carta, siempre para mejorar. No importa los cambios que se realicen, la esencia sigue siendo la misma, el concepto no cambia. No he tenido el gusto aún de conocer a Daniel Morado, uno de los socios, pero el día de hoy que me he sentando más de una vez a platicar con Ivan Jalife me doy cuenta del cariño y la pasión que le ponen al lugar. Las ganas de seguir, pero sin perderse.

Admiro la perseverancia con la que han llevado Zaragoza, siempre fieles al sueño que tuvieron hace más de una década.

Fueron pioneros en el centro de la ciudad, son de los personajes más importantes en la cultura del cóctel en la ciudad y el día de hoy no hay un día que piense en un Negroni o un martini sin que Zaragoza sea mi primera opción.


Más información:

https://www.instagram.com/zaragozacb/



Sobre Natalia Hoyos: Comensal apasionada de la región de la Laguna en el norte de México. Egresada de programas de educación en turismo y gastronomía. Comparte recetas para salvar el día a día en sus redes sociales. Ha fungido como presentadora en festivales gastronómicos como ExpoPan y ExpoGastronomica. Creadora de Paralelo Experiencias en dónde ofrece al público, cenas, cursos y vivencias inolvidables conectadas con la gastronomía y vino.
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Teo Rios en Malverde
inspira al mismo tiempo
que deleita
dejando brillar al producto



Por Natalia Hoyos
Instagram: @nats.cocina


Si no me equivoco hace ya mas de un año que conocí a Teo Rios. Un chef joven, cuya cocina se inspira mayormente en productos de mar, excelente producto y gran uso del mismo.

Mi primer acercamiento con Malverde fue un domingo que mi fiel compañera de comidas, mi hermana, me invito a comer y moríamos por comer ostiones. Así fue que llegamos a compartir la mesa en éste restaurante de la calle degollado en el centro de la ciudad.

Recuerdo que pedimos los Ostiones Malverde, inmediatamente tomé una foto al plato, como buena apasionada de la comida, subí esa imagen a mi Instagram etiquetando al lugar. No pasaron ni diez minutos cuando el chef descendió de la escalera que envuelve esa increíble escultura de Guillermo Colmenero, se acercó a la mesa para presentarse y preguntarnos qué nos había parecido todo.

Me atrevo a decir que no eran atenciones tan comunes por aquí. Ahora lo son, presentarse, ofrecer agua simple como cortesía entre otros detalles que son de importancia para el comensal. Cuando pude platicar con Teo entendí todo: es una persona que tiene muchas millas recorridas, prácticamente viaja para comer, y para mi eso es fundamental si buscas sorprender desde tu cocina.

Comenzó en la cocina del ya famoso y reconocido restaurante La Docena, primero en Guadalajara y después en la Ciudad de México.

Claramente de ahí viene su experiencia en el manejo de los ostiones así como el entendimiento la importancia del producto. Esto me lleva a recordar una frase que leí no hace mucho: “complicar una receta es la mejor manera de disfrazar la falta de talento de un cocinero” pincelada de experiencia del afamado chef Michel Bras.






Visitaba Malverde tantas veces al mes, que la gente llegaba a preguntarse si yo trabajaba con ellos o para ellos. Pero no era así, disfrutaba mucho la cocina, el lugar, y para ser honesta la selección de mezcales y la mezcla para la famosa clamacheve que maridada con los carta del lugar y de forma notable salva todo malestar de fin de semana. 

Una tostada de jurel en Malverde deleita, el aguachile verde revive, mientras su ramen reconforta.

Hace unas semanas fue su tercer aniversario y lo celebraron con un brunch a 8 manos, muy original, sencillo, pero bien ejecutado. Consistía en tostadas, tacos, ceviches y aguachiles, música y tragos de esos que curan.

De Mazatlán los chefs de Caos y Patio Escobedo, mientras que de la ciudad vecina Gómez Palacio el chef de Doroteo, acompañaron a Teo Rios. Mas que una colaboración, fue una fiesta, como si cuatro amigos se juntaran en casa y decidieran cocinar juntos. Para beneficio de nosotros los visitantes, encontramos un menú que representó a cada uno de la manera más sutil y logramos percibir esa esa gran camaradería que se desarrolló en su cocina expuesta.

Muchas veces necesitamos este tipo de eventos, para recordarnos que la gastronomía es para todos, que a veces hay que dejar la etiqueta a un lado, disfrutar los platos y gozar la tarde.

El chef Teo desde su apertura en 2021 regresó mucho del empuje a la gastronomía local. Su propuesta y exposición sirvió como estímulo para muchos cocineros jóvenes y ha mostrado a algunos cómo expresarse en los nuevos tiempos.

Si tienes la oportunidad de a pisar estas tierras laguneras, quizás pidas recomendaciones más lugareñas y de cocina tradicional. Te llevarán a las famosas gorditas, por un buen lonche con el amado pan francés, no  dejes pasar estas opciones. Sin embargo también date una escapada a Malverde, ya que te enamoraras del rumbo, del movimiento en el centro y seguramente verás caminado entre las mesas a Teo Rios, y percibirás de primera mano de lo que hablo, la congruencia con su persona, de la manera cómo su restaurante es un reflejo franco de su cocina.


Malverde

Degollado 168, Col. Centro Torreón, Coah.

IG: https://www.instagram.com/malverde_mx/




Sobre Natalia Hoyos: Comensal apasionada de la región de la Laguna en el norte de México. Egresada de programas de educación en turismo y gastronomía. Comparte recetas para salvar el día a día en sus redes sociales. Ha fungido como presentadora en festivales gastronómicos como ExpoPan y ExpoGastronomica. Creadora de Paralelo Experiencias en dónde ofrece al público, cenas, cursos y vivencias inolvidables conectadas con la gastronomía y vino.
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