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El pasado 12 de abril se 
celebró el Día del Helado 
y cualquier pretexto es 
válido para descubrir nuevas 
formas de disfrutarlo




Por Editores de Copas y Corchos
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Twitter: @copasycorchos

¿Sabías que antes de que existieran los congeladores, el helado en México era un lujo digno de emperadores? Se dice que en la época prehispánica, los "tamemes" corrían desde las faldas del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl cargando bloques de hielo envueltos en fibras de ixtle para que Moctezuma pudiera disfrutar de frutas heladas. Esa tradición evolucionó en la época virreinal con las "nieves de garrafa" y hoy, la Ciudad de México demuestra que el helado ha pasado de ser un simple antojo callejero a convertirse en una pieza de ingeniería gourmet.

A continuación se presentan dos formas diferentes de comer helado en la CDMX:

1. El Uchepo con Helado de Queso Fresco (TESTAL Cocina Mexicana)


Este postre es un viaje directo a las tierras michoacanas. El Uchepo, un tamal de maíz tierno que destaca por su dulzor natural y textura aterciopelada, se eleva con una guarnición de nata y maíz caramelizado. El toque maestro es su helado de queso fresco, que aporta una salinidad sutil y una cremosidad que equilibra cada bocado. Es la prueba de que el maíz y el frío son la pareja perfecta.



Lo encuentras en las Sucursales Centro, Roma y Polanco.


2. Baked Alaska (TESTAL Cocina de Mar)


Para quienes buscan espectáculo y técnica francesa con alma cítrica. Este Baked Alaska es una joya visual. Es una tarta con base de sablé de maíz, donde se monta un corazón generoso de helado de limones (verde y Eureka). Todo el conjunto se envuelve en una capa de merengue italiano que se flamea directamente en tu mesa. El resultado es una maravilla técnica, el exterior está caliente y dorado, mientras que el interior permanece como un bloque de helado firme y refrescante.



Lo encuentras en la Sucursal Polanco.

Aunque el helado ha evolucionado radicalmente desde aquellas entregas de hielo volcánico hasta las técnicas de vanguardia que vemos hoy, la industria no deja de sorprendernos. Se sigue innovando en texturas y combinaciones, y no hay nada mejor que descubrir nuevas maneras de disfrutar este placer helado. Puedes reservar tu visita en  cualquiera de sus sucursales, a través de OpenTable.



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      El lujo no siempre está en 
      lo ostentoso, sino en vivir lo auténtico



      Por Editores de Copas y Corchos
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      Ixtlán del Río en Nayarit, revela una experiencia profunda y encantadora, donde el tiempo parece caminar descalzo entre ruinas prehispánicas, barro vivo, agave, aromas y sabores que despiertan memorias. Si buscas un rincón poco explorado pero rebosante de autenticidad, este es un destino que mereces descubrir.



      Sabores Regionales y Herencia Ancestral

      • Desayunar en un museo viviente

      En La Casona, en el número 101 de la calle Revolución Socialista, no solo desayunas: te sumerges en un espacio que es galería, museo, y relicario gastronómico. Con su arquitectura tipo hacienda, altos techos y paredes que guardan historias; te reciben con una propuesta culinaria que celebra lo local sin pretensiones.



      Los chilaquiles con camarones sorprenden con una armonía perfecta entre el picor y la frescura, mientras que la carne zarandeada —preparada al carbón con ese toque marino y ahumado que solo Nayarit entiende— te conecta con la memoria de la cocina nayarita.


      • Viaje al pasado prehispánico en Los Toriles

      A tan solo 9 km del centro, se encuentra uno de los secretos arqueológicos mejor guardados del occidente mexicano: Los Toriles. Este complejo ceremonial dedicado a Ehécatl‑Quetzalcóatl habitado entre los siglos VII y XI, revela templos circulares, palacios de piedra, sistemas hidráulicos y un aura mística difícil de encontrar en sitios más concurridos.

      Estar ahí no es solo observar: es sentir la energía de una civilización que hablaba con los dioses del viento y de la tierra, entre muros que aún resguardan su silencio. Más que arqueología: es una lección viva de tiempo y tierra.


      • Cacao que conecta cuerpo y alma

      En el Taller de Chocolate Manena, la experiencia es íntima, casi ritual. Desde el tostado del cacao hasta el formado de tablillas, participas en un proceso que no es sólo técnico, sino espiritual. Tocar, oler y saborear el cacao mientras aprendes su historia te recuerda que el chocolate, en estas tierras, fue moneda, medicina y ofrenda. ¡Es, literalmente, el sabor del origen!



      • Nieves de garrafa, una tradición que resiste

      A medio camino entre la infancia y la alquimia, las nieves de garrafa son elaboradas aún a la antigua: con hielo, sal y paciencia. El batido manual, el ritmo de la cuchara, el aroma a fruta fresca… Cada cucharada es un manifiesto en contra de la prisa moderna, en donde observar el proceso de batido artesanal es casi tan delicioso como saborear una cucharada de coco, vainilla o limón. Olvida lo industrial.



      • El mar se sirve en copa

      No hay marisquería sin carácter, y en Ixtlán lo saben. Aunque poco documentado, el lugar conocido como “El 30” es un santuario del sabor marino. Prueba una copa de mariscos con camarón seco, crudo y ostión, o los inolvidables camarones a la cora, una receta local con intensidad salina y notas picantes que evocan el sabor del Pacífico. Aquí, el mar no se domestica: se sirve con todo su carácter, su historia y su salinidad intacta.



      • Barroco, dulces y portales

      La Parroquia de Santo Santiago Apóstol, con sus detalles barrocos y reminiscencias rococó, se alza como joya arquitectónica del centro. Alrededor, los portales vibran con vida local: vendedores de dulces, puestos de antojitos, artesanos y niños jugando. Es un retrato genuino del México profundo, donde las tardes huelen a pan recién horneado con un ligero toque nostálgico.


      • Descanso con historia

      El Hotel Boutique Marqués de Minas es una experiencia de hospitalidad sobria, elegante y con raíces. Su decoración fusiona lo colonial y lo contemporáneo, y cada rincón invita al descanso sin distracciones. Aquí no hay televisión encendida ni ruido artificial. Solo sábanas frescas, techos altos y el silencio que mereces.


      • Sazón con linaje

      En el fondo de Portal Juárez, una receta con más de 100 años de historia te espera: el Pollo a la Picha. Creado por Doña María en los años 20, se trata de pollo de corral marinado y frito en manteca, cubierto con una salsa casera de jitomate, orégano y jalapeño. Este manjar es servido con papas doradas y repollo, este platillo es una explosión de identidad local. No es comida rápida, es cocina con linaje.


      • Pan casero con historia

      Piloncillo Café Boutique es una pausa en el tiempo. Su menú de desayuno tradicional mexicano se siente como abrazo de abuela. El pan recién horneado, los huevos con machaca y el café artesanal, se sirven con calidez casi maternal.

      El ambiente es íntimo, bohemio, perfecto para escribir, leer o simplemente ver pasar la vida desde una mesa de madera pulida.



      • En el Barrio de los Indios: Barro que habla

      En el emblemático Barrio de los Indios, te espera una experiencia que va más allá del souvenir. La alfarería no es artesanía: es identidad. En el taller, guiada por maestros locales, tus manos moldean el barro como quien acaricia una herencia milenaria. Cada vasija, plato o figura que nace, lleva tu energía, tus huellas. Bajo la guía de artesanos locales, tus manos moldean la arcilla, dando forma a piezas que guardan siglos de saber indígena y tradición alfarera. Es una experiencia profunda, casi meditativa.


      • Tequilera Real de Ixtlán, espíritu líquido del agave

      Si el tequila es el alma de México, esta casa lo destila con fidelidad y respeto. En esta casa tequilera premium conocerás el proceso completo, desde la jima hasta la cata.

      Tequilera Real de Ixtlán, ofrece el recorrido desde la jima hasta el añejamiento. La cata es sensorial y poética: plata, reposado, cristalino, acompañados de historia y técnica. Al final, preparas tu propio cantarito, como ofrenda líquida a los sentidos.


      • Naturaleza que abraza, el lujo del silencio

      En las afueras de Ixtlán, en la localidad La Haciendita (camino El Tambor #112), entre árboles, canto de aves y aire limpio, te espera la Alberca de Piedra, un manantial de agua cristalina con una pequeña cascada tipo hidromasaje, áreas para asador y una cabaña suspendida en un árbol “cabaña del vaquero”. Aquí no hay prisa, solo el susurro del agua, el verde de los árboles y el descanso placentero. El cierre perfecto para reconectar con el silencio y la esencia, un oasis natural.



      ¿Estás lista(o) para descubrir Ixtlán?

      Entre chocolate, barro y agave, Este destino, todavía ajeno a las rutas masificadas, ofrece una experiencia turística y cultural que conecta profundamente con alma rural y corazón gourmet ofreciendo un renacer sensorial Aquí, cada calle, cada sabor, cada gesto, es una invitación a bajar el ritmo y volver al origen.

      Para más información visita:

      https://visitnayarit.travel/



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