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Una velada con vinos
majestuosos
difícil evaluación
sobre los No. 1 del mundo



Por sommelier Martín Miretti



El pasado 14 de agosto, Hermitage, reconocido como uno de los espacios más influyentes y respetados del vino en México, fue escenario de una velada excepcional con el evento “Vinos #1 del Mundo”, una cita que reunió etiquetas icónicas, una atmósfera vibrante y la hospitalidad impecable de sus anfitriones, Miguel Ángel Cooley y Laura Santander.

La experiencia llevó a los asistentes por un recorrido sensorial de vinos legendarios, cada uno con una historia y personalidad únicas. La noche inició con el elegante Argiano Brunello di Montalcino 2018, que mostró la armonía toscana entre poder y delicadeza; continuó con el majestuoso Bertani Amarone Classico 2015, de textura profunda, dulzura natural y una complejidad que lo convirtió —para mí— en el vino dominante de la noche, por su estructura imponente y su capacidad de llenar la copa y la memoria.

Siguió el Don Melchor, referente del Cabernet Sauvignon chileno por su elegancia y precisión; y culminó con una sorpresa extraordinaria: un Dunn Vineyards Cabernet Sauvignon de Napa Valley, vino monumental que cerró la velada con carácter y vigor.














El menú, diseñado por el chef Jorge Téllez, acompañó con maestría la grandeza de los vinos. Incluyó preparaciones de pato, cerdo y platos de sabores concentrados y estructura sólida, pensados para resaltar los matices de cada etiqueta. La propuesta gastronómica, tan precisa como generosa, redondeó una experiencia que alcanzó momentos de verdadera excelencia.

Más allá de las copas, la velada reflejó el espíritu que distingue a Hermitage: pasión, generosidad y excelencia. Con su estilo cercano y su impecable curaduría, el equipo logra transformar cada encuentro en una experiencia memorable. Estos eventos se han convertido en auténticos imperdibles para los amantes del vino, donde se aprende, se comparte y se celebra la cultura vinícola con entusiasmo y sofisticación.

Hermitage confirma, una vez más, su papel como un referente de la alta enología en México: un punto de encuentro donde el vino se vive con emoción, conocimiento y un profundo sentido de comunidad.


Sobre Martin Miretti: Originario de México, egresado del programa de Relaciones Internacionales por el ITAM y MBA por el ITESM. Egresado del programa de Sommelier Profesional por la AMS y certificado por el WSET. Ha trabajado como sommelier, director de A&B y Gerente General de hoteles y restaurantes. Ha desarrollado eventos, festivales gastronómicos y proyectos de desarrollo rural basados en la cultura gastronómica. Amante por los sabores y por convertir catas y aventuras culinarias en entretenidos viajes por la vida.

Instagram: @eldevinos



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Ramos Pinto
demuestra la maestría
en la elaboración
de vinos de Oporto




Por Martín Miretti
Instagram: @eldevinos


En el mundo del vino, a veces es necesario romper con la solemnidad para redescubrir lo extraordinario. Eso fue exactamente lo que sucedió en una luminosa jornada en Hermitage, donde un grupo de expertos y apasionados del vino tuvimos el privilegio de participar en una cata exclusiva de Ramos Pinto, la icónica bodega portuguesa de Oporto, con más de 140 años de historia.

El evento, liderado por Nuno Maia de la casa Ramos Pinto, nos llevó por un recorrido sensorial a través de algunas de sus etiquetas más representativas: desde el expresivo Lágrima (porto blanco), pasando por el clásico Tawny, hasta llegar a la codiciada trilogía de edades: 10, 20 y 30 años.

Pero lo que marcó realmente la diferencia fue el formato del evento: una experiencia diurna, sin rigidez, pensada para conocedores pero sin pretensiones, donde la calidad del vino se encontró con una puesta en escena fresca y accesible.







Fundada en 1880, la casa Ramos Pinto se ubica en pleno valle del Duero en dónde se dibujan las pendientes cubiertas de viñedos ofreciendo un paisaje inverosímil. Sus vinos de Oporto se elaboran exclusivamente a partir de las uvas de sus propias fincas: Bom Retiro, Urtiga, Bons Ares y Ervamoira lo que les permite supervisar cada etapa de la producción y aprovechar al máximo las particularidades de cada viñedo.

La filosofía de la bodega se basa en resaltar la elegancia y complejidad de la fruta, seleccionando cuidadosamente varietales autóctonos como Touriga Nacional, Tinta Roriz, Touriga Franca, Tinta Barroca y Tinto Cão y utilizando crianzas en madera que preservan la frescura del vino.

Cada bebida, Lágrima Tawny, 10, 20 y 30 años, ofrecen una gran riqueza en aromas que van desde frutas, especias y frutos secos hasta el de 30 años que ofrece una magnífica experiencia tanto al olfato como en paladar, demostrando la maestría de Ramos Pinto en la elaboración de estos vinos excepcionales.



Un maridaje relajado y bien pensado

El chef Jorge Téllez creó un menú casual, delicioso y perfectamente calibrado, compuesto por platillos servidos al centro, pensados para compartir y disfrutar sin estructuras formales. El ambiente invitaba a servirse uno mismo, probar un poco de todo, y maridar libremente con los portos en copa.

Lejos del protocolo tradicional de una cata técnica o una cena de pasos, esta propuesta buscó una conexión natural entre los vinos y la comida, permitiendo que cada asistente encontrara su propio ritmo de exploración. Y funcionó: la acidez, dulzura y complejidad de los portos brillaron aún más al acompañar platos que dialogaban con sus perfiles, sin forzarlos.

El mayor acierto fue mostrar que estos vinos de herencia clásica y compleja —como el 20 o el 30 años, verdaderas joyas de bodega. 

Una experiencia que, sin duda, dejó huella en quienes estuvimos ahí. Y que nos recordó que la grandeza de un vino también se mide por su capacidad de hacernos sentir cómodos, curiosos y, sobre todo, conectados.




Sobre Martin Miretti: Originario de México, egresado del programa de Relaciones Internacionales por el ITAM y MBA por el ITESM. Egresado del programa de Sommelier Profesional por la AMS y certificado por el WSET. Ha trabajado como sommelier, director de A&B y Gerente General de hoteles y restaurantes. Ha desarrollado eventos, festivales gastronómicos y proyectos de desarrollo rural basados en la cultura gastronómica. Amante por los sabores y por convertir catas y aventuras culinarias en entretenidos viajes por la vida.

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La semilla de una
nueva clase
de finos de alta gama
en el mundo




Por José Sandoval / Dr. Salsa
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En las pintorescas colinas de la Toscana, donde los viñedos se extienden bajo un cielo bañado por el sol, un vino destaca por su impacto revolucionario en la viticultura italiana: Tignanello. Este tinto icónico, producido por la familia Antinori, no sólo se ha convertido en un símbolo de la excelencia vitivinícola italiana, sino que también ha transformado el panorama vitivinícola mundial.


El inicio de una leyenda

La historia de Tignanello comienza en la década de 1920 con la familia Antinori, una de las dinastías vitivinícolas más antiguas y apreciadas en Italia. Fundada en 1385, la familia Antinori tiene una rica herencia en la producción de vinos finos, pero no fue hasta mediados del siglo XX que se embarcarían en un viaje que cambiaría el curso de la historia del vino italiano.

Las raíces de Tignanello están profundamente entrelazadas con la finca de la familia en la región de Chianti Classico. A principios de la década de 1970, los Antinori estaban explorando formas de innovar dentro del marco tradicional de Chianti, una región conocida por sus vinos con base en la Sangiovese. En aquella época, Chianti Classico se caracterizaba por sus estrictas regulaciones, que exigían una determinada mezcla de Sangiovese y otras variedades de uva permitidas, como Canaiolo y Malvasia.

Hoy día cada añada de Tignanello es única a partir de las condiciones de clima. Sin embargo, la vinificación es un proceso cuidadosamente realizado. La fermentación se realiza en tanques tronco-cónicos, y la maceración de los hollejos se realiza por cada mosto individual con énfasis en la preservación de aromas. A la par se busca la extracción de color y taninos en la dosis y tipo perfectos para constituir un vino sutil y elegante. Se realiza un rigoroso monitoreo diario con muestras hasta que se extraen las pieles y el vino es transferido en barricas de roble en dónde ocurre la fermentación maloláctica para aumentar la fineza y complejidad del vino.

La maduración ocurre de 12 a 16 meses en barricas de origen francés y húngaro en una combinación entre barricas nuevas y de segundo uso. El vino es ensamblado posterior a su maduración y adicionalmente se le deja reposar en botella por un año antes de realizar su comercialización.


Inovación audaz

En 1971, con la visión de crear un vino que pudiera compararse con los mejores del mundo, la familia Antinori comenzó a desarrollar una nueva mezcla. Esta nueva empresa se apartó de las normas tradicionales del Chianti. En lugar de adherirse a las mezclas prescritas, optaron por un enfoque más experimental, mezclando Sangiovese con variedades internacionales, específicamente Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc.

El resultado fue Tignanello, un vino que no sólo redefinió el estilo del Chianti sino que también estableció un nuevo estándar para los vinos tintos italianos. El debut de Tignanello en 1971 fue revolucionario. Fue uno de los primeros vinos de la región en romper con las regulaciones tradicionales de la DOC, lo que llevó a la creación de la categoría Súper Toscana, una designación no oficial para vinos toscanos de alta calidad que no encajaban dentro de los límites de las clasificaciones existentes.

En 1978 cuando debutó Solaia, Tignanello se convirtió en un vino basado en la Sangiovese, con un uso complementario de Cabernet -usualmente alrededor del 20%-. Mientras que Solaia es compuesto en un 80% por Cabernet Sauvignon. 

El éxito de Tignanello se puede atribuir a varios factores. En primer lugar, la mezcla en sí se apartaba de la norma. Al combinar Sangiovese con variedades de Burdeos, los Antinori crearon un vino rico y complejo, con un elegante equilibrio de fruta, acidez y taninos. El uso de barricas de roble francés para el envejecimiento añadió aún más profundidad y carácter.

Además, las prácticas vitivinícolas eran innovadoras para su época. Los Antinori se centraron en una rigurosa selección de uvas y adoptaron técnicas modernas de elaboración del vino, como la fermentación a temperatura controlada y procesos meticulosos de mezcla. Estas prácticas garantizaron que Tignanello ofreciera constantemente alta calidad y distinción.


El impacto en el vino italiano

El éxito de Tignanello fue más allá de su aclamación inmediata. Desencadenó una ola de experimentación e innovación en toda Italia, lo que llevó a la proliferación de vinos súper toscanos. Estos vinos, caracterizados por su mezcla de variedades de uva tradicionales e internacionales, comenzaron a atraer la atención y el reconocimiento internacional.

La influencia de Tignanello también tuvo un impacto más amplio en las regulaciones del vino italiano. El éxito de los vinos súper toscanos demostró que existía un mercado para vinos de alta calidad que no se ajustaban a las clasificaciones tradicionales DOC/DOCG. Esto allanó el camino para futuros cambios en las leyes vinícolas italianas, permitiendo una mayor flexibilidad y fomentando una mayor innovación.






Legado a largo plazo

Hoy en día, Tignanello sigue siendo uno de los vinos más famosos y buscados del mundo. Continúa encarnando el espíritu de innovación que definió sus inicios, al mismo tiempo que honra las ricas tradiciones de la elaboración del vino toscano. El vino es un testimonio de la visión y el compromiso de la familia Antinori con la excelencia.

Al repasar la historia de Tignanello, queda claro que su impacto se extiende mucho más allá de los límites de una sola botella. Representa un momento crucial en la evolución del vino italiano, un punto en el tiempo que continúa inspirando e influyendo en los enólogos tanto en la Toscana como en otros lugares. En las colinas de Chianti, perdura el legado de Tignanello, un faro de tradición e innovación en el mundo del buen vino.




Sobre El Dr. Salsa: José Sandoval fundador de "Copas y Corchos, Revista Digital de Gastronomía" desde 2010. Egresado del programa de educación en vino del enólogo Jesús Diez de su escuela Vinicultura. Especialista en vinos de la D.O. Jerez y en vinos de la D.O.Ca. Rioja. Nivel 1 del programa de certificación internacional por The Court of Master Sommeliers. Juez catador en el concurso México Selection by Concours Mondial de Bruxelles. Juez en diversos concursos de chefs. Miembro de la Asociación de Sommeliers Mexicanos. 
Miembro de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino. Autor de diversas colaboraciones en revistas especializadas en las artes culinarias. Entusiasta viajero y del buen comer.

Instagram: https://www.instagram.com/drsalsamx/



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