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Emilio Moro
explora nuevos estilos
con un alto nivel
de calidad que cautiva
al paladar




Por sommelier Angelo Rivas


Hay nombres de bodegas que terminan asociados con una región, una variedad y un tipo de vino. En el caso de Emilio Moro, la relación con Ribera del Duero y el Tempranillo así ha sido, aunque han explorado otros terrenos.

Daniela Salgado Guerra, Brand Ambassador de Bodegas Emilio Moro en México, permitió recorrer esa cara del portafolio de la bodega española a través de Polvorete, La Revelía, Elalba y La Felisa. 

La incursión de la familia Moro en esta denominación comenzó en 2013, cuando conoció el potencial de la Godello, comentó Salgado. El proyecto dispone actualmente de más de 60 hectáreas de viñedo propio y de una bodega en Ponferrada.

El interés de Emilio Moro por la Godello no se tradujo en un único estilo. La posición de los viñedos en las laderas y la forma de trabajar las lías y la madera permiten obtener expresiones diferentes de la misma variedad.



Polvorete ocupa la la parte introductoria. Elaborado con 100% Godello de las zonas más llanas de los viñedos, donde los suelos son más profundos y frescos, fermenta en depósitos de acero inoxidable y permanece cuatro meses sobre sus lías. En la copa aparecen manzana, pera, manzanilla y cítricos.

La Revelía sube un escalón de la misma uva. Procede de zonas medias de las laderas con una maduración más larga. Tras fermentar a temperatura controlada, realiza crianza sobre lías en barricas de roble francés de 500 litros y tostado ligero.

En la copa muestra fruta de hueso, hinojo, notas herbáceas, mineralidad y matices profundos por sus lías. 

Elalba de Emilio Moro nació en 2022 como el primer rosado de la bodega. Combina 60% Tempranillo y 40% Albillo Mayor, dos variedades de Ribera del Duero. Las uvas se vendimian el mismo día y se procesan juntas desde el comienzo, para esa frescura.

Su nombre procede precisamente del alba, la salida del sol, y pretende representar un nuevo comienzo dentro del catálogo. En copa expresa fresas, frambuesas, flores y un componente mineral.

La Felisa es un Ribera del Duero elaborado con uva Tempranillo procedente de parcelas ecológicas que proceden de zonas altas, con suelos bien drenados y menor fertilidad.

El vino nació en 2016 como homenaje a Felisa Espinosa, esposa de Emilio Moro, madre de la tercera generación y abuela de la cuarta. La matriarca falleció en julio de 2026, a los 92 años, por lo que la degustación adquirió ahora otro matiz.

La Felisa muestra carácter, intensidad, fruta negra y violetas, pero con un tanino marcado pero maduro.

Justamente para el maridaje, el cuarteto de etiquetas amplía las opciones y no se centra en un estilo y denominación de origen.




Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
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      Nami es una bebida
      tan deliciosa como versátil
      con inspiración en Japón y
      realización mexicana




      Por sommelier Angelo Rivas


      Una bebida que siempre se relaciona con tradición japonesa, cuencos de cerámica y que se cree que surge como destilado sin serlo; el sake tiene vida y evolución propia, como el que se elabora en México por Nami.

      Una presentación realizada en Bodegas Alianza Palmas, en Ciudad de México, con Alejandra López, embajadora de Nami Sake, permitió revisar algunos de esos conceptos y probar la bebida tanto en maridaje con sushi como dentro de un coctel de bienvenida preparado con Lillet.

      Para empezar, el sake no es técnicamente un “vino de arroz”, aunque la expresión continúe utilizándose. Se obtiene por fermentación y sus ingredientes esenciales son arroz, agua, koji y levadura. El koji, hongo Aspergillus oryzae, transforma el almidón del grano en azúcares que posteriormente puede fermentar la levadura.

      Otra simplificación frecuente consiste en dividir el sake entre junmai, elaborado sin alcohol añadido, y aquellos a los que se incorpora alcohol durante la producción.

      Junmai significa literalmente “arroz puro” y, bajo la clasificación japonesa, se elabora con arroz y koji, además del agua y las levaduras necesarias durante el proceso. En otras categorías se permite incorporar una cantidad controlada de alcohol de elaboración.

      En Japón puede encontrarse de manera coloquial el término aruten, contracción relacionada con la adición de alcohol, pero no constituye por sí mismo una categoría oficial. Tampoco significa que ese sake tenga que beberse caliente.

      La temperatura se decide fundamentalmente de acuerdo con el estilo y el perfil aromático. Un junmai puede servirse frío, a temperatura ambiente o caliente. En cambio, muchos ginjo y daiginjo se disfrutan a temperaturas bajas porque así conservan con mayor claridad sus aromas frutales y florales.

      El pulido es otro de los elementos que suelen provocar confusión.

      Si una etiqueta señala 60%, significa que permaneció 60% y se retiró 40% de las capas exteriores. En ellas se concentran proteínas, grasas y minerales que influyen en el perfil final.

      La clasificación japonesa establece que un ginjo debe tener un pulido de 60% o menos; en un daiginjo el máximo es 50%. 

      Pulir más tampoco significa automáticamente hacer un sake de mayor calidad. Al retirar las capas externas cambia el perfil: los estilos de mayor pulido suelen buscar expresiones más ligeras y aromáticas.





      De Japón a Sinaloa

      Aunque Japón concentra la historia y la referencia cultural del sake, su elaboración se realiza también en Estados Unidos y Brasil, siguientes naciones en importancia de producción.

      México entró en esa geografía con Nami, proyecto iniciado en 2014 y lanzado comercialmente en 2016 y se ubica en Culiacán, Sinaloa.

      El equipo mexicano viajó a Japón para aprender el proceso y posteriormente recibió asesoría de elaboradores japoneses. 

      La marca trabaja actualmente con distintas expresiones. Su portafolio incluye Junmai, Junmai Ginjo, Junmai Daiginjo y Junmai Nigori. 

      En la presentación de Bodegas Alianza, Nami se sirvió con sushi, mientras que otra expresión del sake apareció desde el inicio integrada con Lillet en un coctel de bienvenida, dos usos distintos para una bebida cambiante.




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          The Lost Explorer sorprende
          al mercado con un reposado
          añejado en barricas de Sauternes




          Por sommelier Angelo Rivas

          Muchos tequilas tienen el toque de barricas de diferentes orígenes, pero pocos pueden presumir que en su mezcla se incluyen barricas de uno de los vinos de postre más solicitados: Sauternes.

          Justamente The Lost Explorer incorpora un tequila reposado a su portafolio, elaborado por el maestro tequilero Enrique de Colsa a partir del blanco que la marca presentó previamente y con un proceso que utiliza barricas que antes contuvieron Sauternes, Jerez Pedro Ximénez y bourbon.

          El origen de The Lost Explorer se encuentra en David de Rothschild, explorador y ambientalista británico que en 2015 creó con ese nombre un proyecto relacionado con productos y actividades vinculados con la naturaleza. 

          Su interés por el mezcal llevó posteriormente al desarrollo de una marca de destilados junto con el empresario islandés Thor Björgólfsson. 

          El siguiente destino de la marca fue hacia Jalisco. Rothschild conoció en Oaxaca a Enrique de Colsa, quien acumula más de tres décadas trabajando en la industria del tequila y fue durante años maestro destilador de Don Julio. De Colsa tenía entonces el proyecto de elaborar un tequila propio y decidió integrarlo a The Lost Explorer.

          El primer resultado fue The Lost Explorer Tequila Blanco, lanzado en 2024. Para De Colsa implicó cambiar la procedencia del agave con la que había trabajado anteriormente: pasó de Los Altos a las tierras bajas del Valle de Tequila, buscando las características que ofrece esta zona.

          El blanco se elabora en pequeños lotes con 100% agave azul Weber, doble destilación y sin aditivos. Su perfil registra notas herbáceas y cítricas, canela y componentes minerales, con el carácter del agave como referencia principal.










          Tres barricas para un reposado

          De acuerdo con la Norma Oficial Mexicana, un tequila reposado debe permanecer por lo menos dos meses en contacto directo con recipientes de roble o encino. Para la nueva expresión de The Lost Explorer, De Colsa trabajó con diferentes tipos de barricas antes de establecer la combinación final.

          Una parte del tequila pasa por barricas de roble francés utilizadas previamente para Château Rieussec, vino de Sauternes producido en Burdeos. Estos recipientes aportan textura, componentes aromáticos y notas que pueden recordar flores y miel. Château Rieussec pertenece a Domaines Barons de Rothschild (Lafite), empresa vitivinícola de la familia Rothschild.

          El segundo componente utiliza barricas de roble americano que previamente contuvieron bourbon en Kentucky. Su influencia se dirige hacia la vainilla, el roble tostado y ligeros tonos ahumados, además de aportar estructura al ensamble.

          La tercera parte pasa por barricas de Jerez Pedro Ximénez, también de roble americano, que incorporan notas de pasas, higo, frutos secos y especias. Durante las pruebas de los componentes por separado, esta barrica muestra una presencia más marcada, por lo que su participación en el ensamble es menor.

          La presentación del reposado incluyó una degustación de los distintos componentes utilizados para el ensamble y otras expresiones de The Lost Explorer. El menú, servido por Zubieta, restaurante de El Palacio de Hierro Mitikah, comenzó con un plato botanero de sopecitos, tlacoyos, quesadillas y guacamole junto con The Lost Explorer Mezcal Espadín; siguió una sopa del huerto con Mezcal Tobalá; chile en nogada acompañado por The Lost Explorer Tequila Reposado, y un sorbete de frutos rojos con Tequila Blanco.




          Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
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