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Cada gota de Sotol resguarda la
riqueza de la biodiversidad desértica
y siglos de misticismo, historia,
resistencia y tierra en un solo sorbo


Por Huitzi Catalán
Twitter @huitzicr
Instagram: huitzicr


Tan iguales y tan distintos. Aunque el proceso de elaboración para el sotol y el mezcal es similar, e incluso a vista de un ojo no letrado no es tan fácil distinguir la planta del sotol de algunas especies de agave (con las que se elabora mezcal) como las Karwinski, no son la misma especie, aunque provengan de la misma familia (Asparagaceae).


Ilustración 1: plántulas de dasylirion


El sotol se obtiene de Dasylirion, que si tradujéramos etimológicamente vendría siendo Lirio despeinado, denso o rugoso. Se piensa que la palabra Sotol deriva del nahuatl tzotollin: dulce de cabeza. A diferencia del agave, la planta del Sotol o Sereque presenta hojas más delgadas y aplanadas y la raíz se distingue claramente del tallo. Crece de manera silvestre en ámbitos de desierto o de sierra y, dependiendo de este origen, el destilado final tendrá características distintas.


Ilustración 2: cabeza de Dasylirium para hacer sotol


El producto de su destilación tampoco es igual, aunque se parece: altas graduaciones alcohólicas (más altas en el sotol que en el mezcal), procesos artesanales muy cuidados para un producto de altísima calidad, notas frutales, herbales, florales, minerales. Amor en cada trago. 

Al igual que el mezcal, el sotol representa más que una bebida alcohólica tradicional: un patrimonio biocultural, que ha tenido que resistir a lo largo de la historia. Los sotoleros vivieron el acoso y abusos de “los rurales”, integrados en “los tribunales de acordada”, que operaban como policía con funciones judiciales. La producción sotolera estuvo oficialmente prohibida por decreto del presidente Plutarco Elías Calles de 1920 a 1938. Sería hasta 1990 que dicha producción se legalizaría.

Rebelde como los sotoleros, la planta del Sereque no se deja domesticar. Crece de manera silvestre en complicadas laderas y puede tardar hasta 80 años en llegar a su punto de maduración. Los productores tienen que ir a buscarlo a la sierra o al desierto. La planta se tumba con hacha y también a filo de hacha se molerá después de haberse cocido en hornos de tierra a fuego de piedra y leña. Pasará a fermentarse en tinas de madera con levadura nativa, para después destilarse en alambiques de cobre.

Aunque la producción de Sotol está protegida con denominación de origen que incluye los estados de Durango, Chihuahua y Coahuila, desde el año 2002, empieza apenas su camino hacia la verdadera protección y valorización.




Yo sé que ya hablando de esto, a todos los que vivimos del sabor, se nos antoja probarlo, sentir los aromas y sabores concretos que la riqueza biocultural que el sotol representa. Aunque hay algunos (pocos en verdad) bares en la Ciudad de México que ofrecen Sotol, del 18 al 20 septiembre se realizará el 2.º Foro Nacional de Sotoles Campesinos, en el Huerto Roma Verde. Una oportunidad única para conocer de viva voz las manos que producen sotol y defienden la tradición sotolera. 




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Lugares comunes en la cocina
y cómo renovar las propuestas
tanto como cocineros
como comensales




Por Natalia Hoyos
Instagram: @nats.cocina


No hay mesa en la que no me haya sentado, ni publicación gastronómica que no haya visto, donde no aparezca la misma frase: “cada plato cuenta una historia”.

Una frase bonita, de esas que enganchan, que romantizan el momento y que, en teoría, podría ser completamente acertada. Porque sí, la comida tiene memoria, tiene contexto y tiene una razón de ser.

El problema aparece cuando una frase pierde su significado de tanto repetirse.

Hoy parece haberse convertido en un recurso automático dentro de la gastronomía: la encuentras describiendo lo mismo un carpaccio de betabel con queso de cabra, un aguachile fresco o incluso una hamburguesa clásica.

Pero el problema no es repetir.

En la gastronomía, como en cualquier disciplina creativa, todos estamos influenciados por lo que hemos visto, probado y vivido. Las tendencias existen, los clásicos existen y nadie está obligado a descubrir el hilo negro cada temporada.

El verdadero reto está en encontrar una voz propia.

Porque la identidad no vive únicamente en un ingrediente inesperado o en una técnica novedosa. También está en la manera de comunicar, de recibir, de servir y de crear una experiencia alrededor de una mesa.

Y quizá el tema no es que todos queramos contar historias. El tema es que, a veces, terminamos contando la misma.

Vivimos un momento donde la gastronomía también se convirtió en una forma de comunicar. Ya no solo importa lo que llega al plato, sino cómo se presenta, cómo se fotografía, cómo se describe y cómo se comparte.

Y ahí aparece el riesgo: en la búsqueda por pertenecer a una tendencia terminamos pareciéndonos todos un poco. Usamos las mismas palabras: artesanal, regional, auténtico, experiencia, historia… hasta que dejan de decirnos algo.

Vemos conceptos que recibieron reconocimiento, premios o atención, y pareciera que el camino es replicar ciertos elementos: un ingrediente regional, una estética determinada o una narrativa que ya probó funcionar.

Pero la gastronomía no funciona únicamente desde lo que se ve.

Detrás de cada propuesta hay algo que no siempre aparece en una fotografía: la trayectoria, las horas, las pruebas, los errores, los viajes y las experiencias acumuladas.

Por eso, al abrir un restaurante o replantear un concepto que ya existe, la pregunta no debería ser solamente “¿qué está funcionando?”, sino “¿qué tenemos realmente que contar?”.

No se trata de sumar elementos por ocurrencia. No se trata de tomar una tendencia sin entender su origen.

La identidad no se copia, se construye. Porque no podemos ser una hamburguesería un día y, de pronto, querer convertirnos en una propuesta de desayunos tradicionales solo porque es lo que está sucediendo en el momento. El factor regional, los sabores y las tradiciones tienen que encontrar un lugar dentro de nuestra propia historia.

Quizá por eso son tan importantes las millas recorridas. Porque no es lo mismo ver un platillo en un video, guardar una referencia o inspirarse en una fotografía.

Las millas recorridas no pueden copiarse.

Se notan. Se huelen. Se saben.

Y entonces queda la pregunta:

¿Y si lo hacemos?

¿Y si dejamos de buscar historias que ya fueron contadas y empezamos a contar las nuestras?

Cada cocinero desde sus memorias plasmadas en platos. Cada restaurante desde el camino que lo llevó hasta existir. Cada comunicador desde sus propias experiencias, desde las mesas que ha compartido y las historias que ha tenido la oportunidad de conocer.

Quizá la pregunta nunca fue qué hay en tu plato… sino qué parte de ti estás poniendo en él.



Sobre Natalia Hoyos: Comensal y cronista gastronómica del norte de México, egresada de programas de educación en turismo y en tránsito con un diplomado en periodismo gastronómico.
Goza de una columna que comparte en la revista digital Copas y Corchos, además de diseñar recetas prácticas que disfrutan todos los días en sus redes sociales.
Ha sido presentadora en festivales gastronómicos como ExpoPan y Expo Gastronómica, donde disfruta de interactuar con las asistentes y los cocineros, mostrando el lado amable de la cocina.
Es la creadora de Paralelo Experiencias en dónde ofrece al público, cenas, cursos y vivencias inolvidables conectadas con la gastronomía y el vino.

Instagram: @nats.cocina



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Grandes vinos
que expresan
territorio, estilo y cultura




Por sommelier Angelo Rivas


Las posibilidades de un vino blanco no se acaban en pescados y mariscos, y mucho menos para el calor o una alberca, denominaciones como Pinot Grigio delle Venezie es un vino versátil, fresco y fácil de beber. 

Para José Luis Umaña, sommelier representante de la región, la conversación actual pasa por un cambio en el gusto del consumidor. “Está cambiando el paladar en el mundo. El paladar anglofrancés ha dominado porque busca potencia e intensidad, con roble y alcohol, y ahora se busca más suavidad”, explica.

La DOC delle Venezie se ubica en el noreste de Italia y comprende Veneto, Friuli Venezia Giulia y la Provincia Autónoma de Trento. Es la denominación más grande dedicada al Pinot Grigio y una de las zonas donde su expresión es ilimitada.

El destino importa porque el territorio define buena parte del estilo. La zona se extiende desde los Dolomitas hasta el Adriático, con Venecia como uno de sus puntos culturales más reconocibles, y con influencias que miran tanto hacia el mundo mediterráneo como hacia Centroeuropa. 

No es casualidad: Venecia está más cerca de Austria que de Roma, y esa ubicación también ayuda a explicar cierta precisión, frescura y sobriedad en sus vinos.

El territorio combina suelos calcáreos y aluviales, zonas protegidas por montañas, áreas cercanas al mar y una diversidad de condiciones que puede cambiar en pocos kilómetros. Esa variedad permite elaborar distintos estilos: vinos tranquilos, frizzantes, espumosos y versiones ramato (de tono rosado o cobrizo) resultado de una breve maceración con las pieles de la uva.

El clima es templado, con promedios que favorecen una maduración lenta y una buena conservación de acidez. La amplitud térmica entre el día y la noche ayuda a construir vinos frescos, limpios y aromáticos. En contextos más cálidos, como ocurre con algunas expresiones de Pinot Grigio fuera de Italia, la uva puede desarrollar perfiles más maduros y tropicales.



La variedad también tiene una historia propia. Pinot Grigio pertenece a la familia Pinot y es una mutación del Pinot Noir. Su nombre se asocia con la forma compacta del racimo, semejante a una pequeña piña. Se le ha rastreado históricamente en distintas zonas de Europa, desde Alemania y Francia hasta Hungría, y con el tiempo encontró en el noreste italiano una de sus expresiones más reconocidas.

En copa, el Pinot Grigio delle Venezie suele mostrar notas de pera, manzana, flores blancas, fruta de hueso y, en algunos casos, un matiz ligeramente especiado. Su atractivo no está en la contundencia, sino en la claridad: vinos secos, frescos, fáciles de disfrutar, pero con suficiente estructura para acompañar comida.

Funciona como aperitivo, pero también con mariscos, pescados, ensaladas, pastas ligeras, risottos, verduras, quesos frescos, cocina asiática no demasiado picante y preparaciones mexicanas donde haya acidez, hierbas o salsas verdes. En coctelería, su perfil fresco y discreto también puede servir como base para tragos de baja graduación y mezclas ligeras.

La DOC delle Venezie cuenta con un sistema de trazabilidad que permite seguir el vino desde la uva hasta la botella. 

El nuevo reto está en mostrar que no se trata sólo de un vino simple o de consumo casual, sino de una categoría capaz de expresar territorio, estilo y cultura.


Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
IG: @angelorivasmx



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      Diferentes variedades de uva
      y estilos con la calidad
      como elemento común:
      vinos del País Vasco




      Por sommelier Angelo Rivas

      Pequeño en tamaño, enorme en identidad. El País Vasco es una de las regiones más singulares del vino español, no solo por sus paisajes entre montaña y mar, sino porque aquí el vino: “Tiene idioma propio y es un país pequeño, pero con una personalidad muy fuerte”, comenta el sommelier Mikel Garaizabal, una de las voces más reconocidas en la divulgación de los vinos vascos.

      La vitivinicultura vasca se divide prácticamente en dos mundos. Al norte, junto al Cantábrico, domina el txakoli; al sur aparece Rioja Alavesa, la cara más elegante y gastronómica de la Rioja.

      El txakoli vive junto al océano. Fresco, ligero y con esa acidez que ideal para acompañar pintxos, mariscos y cualquier tarde frente al mar.

      “El 80% se hace con las uvas Hondarrabi Zuri y Hondarrabi Beltza”, explica Garaizabal. En total, la región reúne unas 950 hectáreas y alrededor de 81 bodegas dedicadas a este vino históricamente ligado a los caseríos vascos. 

      Aunque durante décadas fue visto como un vino sencillo y local, el txakoli ha evolucionado. Hoy existen versiones más complejas, incluso rosadas, además de estilos con mayor trabajo sobre lías y capacidad de guarda. “Hay txakolis rosados y muchos estilos que la gente fuera del País Vasco todavía no conoce”, apunta el sommelier.

      Su carácter atlántico también viene del suelo y del clima. Los viñedos se plantan sobre laderas húmedas y arcillosas cercanas al mar Cantábrico, donde las temperaturas moderadas permiten vinos de alcohol contenido y gran frescura. 

      Del otro lado aparece Rioja Alavesa, quizá la zona más refinada de toda la DOCa Rioja. Aunque representa apenas cerca del 20% del territorio riojano, su influencia es enorme. 

      “La Sierra Cantabria ayuda muchísimo al clima de los vinos de esta zona”, explica Garaizabal. Esa barrera montañosa protege los viñedos de la influencia atlántica extrema y permite maduraciones más equilibradas.

      Aquí reina la Tempranillo, acompañada de Garnacha Tinta, Graciano, Mazuelo y Maturana. El resultado son vinos con muy expresivos, fruta muy clara en el paladar y una identidad que mezcla tradición medieval con arquitectura contemporánea. 

      Son dos caras muy distintas en una misma moneda y que combina muy bien con una zona que aporta una de las cocinas más buscadas del mundo.




      Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
      IG: @angelorivasmx



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