El Universo Roca, actualmente, 
es un proyecto totalmente consolidado, 
y se compone de varios proyectos



Por Sommelier Sandra Buch
Instagram: sandrabuchbarris

Era agosto de 1986, y unos jóvenes Joan y Josep Roca Fontané, iniciaban con la aventura de un nuevo restaurante al lado del de sus padres, El Celler de Can Roca


Al principio, estos dos jóvenes de apenas 20 años, comentan, que, en muchas ocasiones, por falta de comensales, jugaban a futbolín, o bien invitaban a amigos para preparar comidas para ellos. 

Joan y Josep, conocían muy bien el oficio; no solo por haber estudiado en la Escola d’Hosteleria en Girona, sino, porqué desde pequeños habían crecido entre mesas, fogones, comidas y servicio en el restaurante de sus padres, Josep Roca y Montserrat Fontané.



En el año 1997, años después, Jordi, el más pequeño de la familia, se uniría al Celler de Can Roca y complementaria la tríada de hermanos que ha llevado el concepto de la gastronomía a otro nivel.

En el “antiguo Celler de Can Roca”, al lado de Can Roca, el restaurante de los papás, estuvieron hasta 2007, cuando definitivamente se trasladaron unos metros más allá, en la Torre de Can Sunyer, lugar donde hacían los banquetes, para consolidar el actual Celler de Can Roca, que este agosto de 2026, celebra sus primeros 40 años de historia. 

El Universo Roca, actualmente, es un proyecto totalmente consolidado, y se compone de varios proyectos: restaurantes, como el renombrado Celler de Can Roca, Normal, Fontané, Esperit Roca, entre otros; hoteles, como Casa Cacao, Esperit Roca; una destileria – la alma lìquida del concepto; actualmente ubicada dentro el complejo del Hotel Esperit Roca; el bar de vinos Vii, con la sommelier Audrey Doré al frente; un servicio de eventos: Roca Events, con Encarna Tirado como encargada; la cafetería Casa Cacao, tiendas, reciclaje de botellas, un huerto en Mas Marroch… o incluso un restaurante dentro de la destilería Macallan en Escocia.

Pero adentrémonos un poco más en los inicios. Era el año 1967, y un matrimonio de la Vall del Llémena, cerca de Girona, buscaban una nueva oportunidad. Josep Roca, el padre, trabajaba como conductor de autobuses; y así fue como Montserrat Fontané, la madre, inició con una nueva aventura, abrir un restaurante para los trabajadores en el barrio de Germans Sábat. Un barrio de nueva creación, cerca de Girona, con muchos trabajadores que llegaban del sur de España



El restaurante era de menú, con desayunos, y ofrecían comida tradicional, casera, supervisada y cocinada durante años por la misma Montserrat Fontané, la matriarca de la familia. 

En la cocina, Joan, ayudaba a la madre, y Josep, desde pequeño, estaba en el servicio, ayudando y relacionándose con los clientes. Josep comenta seguido, que había días que servía con los patines; que creció entre música de bulerias, fandangos, sevillanas… aquella música que pedían y escuchaban los parroquianos del restaurante.



Así crecieron y se fueron formando Joan, el cocinero, Josep – Pitu, como es conocido – el Sommelier o camarero de vinos, como a él le gusta llamarse, y más tarde Jordi, el más pequeño y pastelero. Los tres han logrado crear un equipo que complementa totalmente las diferentes áreas de el Celler de Can Roca, un referente a nivel mundial, que cuenta con tres estrellas Michelin, y es considerado de los mejores restaurantes del mundo.

Can Roca, actualmente sigue abierto, 59 años después, con la misma filosofía, aunque con pequeños cambios. Está abierto de lunes a viernes de 7:30 a 5pm; cuenta con un menú de mediodía con un costo de 16€ (entrada, primer plato y postre), en un servicio de dos turnos, a la 1pm y a las 3pm; y un servicio de desayunos de tenedor, como tradicionalmente, con platos como el jabalí, las albóndigas con sepia, butifarra y “mongetes”, entre otros. 



La influencia de Montserrat Fontané en los tres hermanos es palpable y muy importante para los tres hermanos Roca Fontané, razón por la cual, el 27 de abril de 2025, dentro del complejo del Hotel Esperit Roca, en el antiguo Castillo de Sant Julià de Ramis, se abrió Fontané, el restaurante que prepara recetas de la madre, de la cocina de Can Roca, cocina tradicional catalana




Fontané es un restaurante lleno de fotografías de la familia, cuenta con una carta de alimentos o un menú. Carlos López y Jordi Turmó están al frente de la cocina, y el servicio de la sala está bajo la batuta de Eric Oliu, profesional ligado con el universo Roca desde hace años. 



Si algo han demostrado los hermanos Roca es su apuesta por crear espacios creativos, con cocina de alto nivel, un servicio de sala impoluto, y con el ánimo de hacer sentir bien al comensal durante toda la experiencia en cualquiera de sus restaurantes. Aparte, sabemos están pensando en nuevos proyectos a corto plazo, que ampliarán los actuales.

Actualmente, los hijos de Joan y Josep, Marc y Martí, ya están trabajando en El Celler de Can Roca, garantizando la continuidad de este proyecto que comenzó en el año 1986. 

Cuarenta años, son la muestra de un trabajo constante y duro por parte de los tres hermanos Joan, Josep y Jordi, pero también de sus esposas, y ahora sus hijos. 

El Universo Roca va creciendo y está más que consolidado, pero estamos seguros, que seguiremos hablando y escuchando de ellos durante muchos años más.

Felices cuarenta años, y que sean muchos más. 


Para más información:

https: https://cellercanroca.com/ 

Instagram: @cellercanroca


Sobre Sommelier Sandra Buch: Después de casi 14 años en México, regresa a su tierra natal, en Girona, España. Egresada como Sommelier en la Universidad de Girona, se ha especializado en Cava, siendo formadora y experta.
En México asesoró restaurantes, se especializó en servicio al comensal, realizó formación para sommeliers en varias instituciones, como Escuela Mexicana de Sommeliers, ANSOG, Wikivinos y Servirbien.
Impartió varias masterclass sobre Cava; vinos catalanes para la Delegación de la Generalitat en México, y sobre vinos españoles para la OIVE (Organización Interprofesional del Vino en España). 
Participa como juez catadora para concursos como Mexico Selection by CMB en 2021; Concours Mondial de Bruxelles (vinos blancos y tintos) en 2024; MIWC (Mexico International Wine Competition) 2024, entre otros.  
Forma parte de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino (AEPEV).
Apasionada del estudio, sigue preparándose y estudiando, y colaborando como Sommelier Consejera para la distribuidora de vinos Cavas del Mundo.
Instagram: @sandrabuchbarris



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La deliciosa tradición de temporada
lista para recibir a sus comensales
en Los Danzantes Coyoacán


Por Ursulino Rueda

El restaurante Los Danzantes Coyoacán presenta su Festival de Chiles en Nogada, una de las expresiones más representativas de la cocina mexicana de temporada. Este ciclo anual reúne ingredientes de temporada, técnicas tradicionales y una visión contemporánea que ha caracterizado al establecimiento desde su fundación en 1995. La temporada es del 3 de agosto al 27 de septiembre.

El chile en nogada constituye un emblema de la gastronomía nacional, su preparación exige el uso de productos en su punto óptimo de madurez y el reconocimiento del trabajo de productores locales, en Los Danzantes, la interpretación del platillo se sustenta en el respeto a la versión clásica y en la selección rigurosa de materias primas, en coherencia con la filosofía del restaurante: cocina con conciencia de origen, excelencia y apego a los ciclos naturales.

La carta de la temporada incluye tres elaboraciones principales. La Nogada Tradicional (250 g, $590) presenta chile poblano escalfado relleno de picadillo de res y cerdo, elaborado con manzana rallada, pera de San Juan, durazno criollo, plátano macho, almendra, piñón, pasas y fruta cristalizada. Se termina con nogada de nuez de Castilla, granada y hojas frescas de perejil.

La Nogada Rosa (250 g, $620) ofrece chile ancho suavizado con piloncillo, canela y especias, relleno de pato y frutas de temporada, acompañado de piñón, almendra, pasas y un toque de cocoa. La salsa, de tono rosado, se prepara con nuez de Castilla, betabel y bugambilia, y se finaliza con granada fresca y perejil.

Como opción vegetal, la Nogada Vegana de Cacahuate (250 g, $540) emplea chile poblano relleno de manzana criolla, pera lechera, durazno y plátano macho, más pepita de calabaza, semilla de girasol, almendra, piñón y canela. Se cubre con una nogada a base de cacahuate y nuez de Castilla.

El postre Tarta Mestiza ($230) retoma elementos del platillo principal: mousse de nuez de Castilla sobre galleta de plátano macho, frutas de temporada, granada y coulis de chile poblano.




La propuesta de bebidas contempla el cóctel Tres Amores ($220), elaborado con mezcal Los Danzantes, licor Strega, jarabe de higo, té especiado, vino espumoso, crema de nuez y queso de cabra. También se ofrece mezcal añejo de la casa ($295) y una selección de vinos: Reserva Magna (copa $350 / botella $1,600), Nicole Espumoso Brut (copa $300 / botella $1,050) y Château Domecq Blanco (copa $210 / botella $800).

La dirección culinaria corre a cargo de Sergio Camacho, chef ejecutivo de Los Danzantes Coyoacán y Corazón de Maguey, formado en la Universidad del Valle de México, Camacho ha desarrollado una cocina que equilibra técnicas actuales con el respeto a las recetas de origen. La barra está bajo la responsabilidad de Gabriel Mayo, quien cuenta con más de una década de experiencia y obtuvo el primer lugar en el certamen Gibson Mexican Style 2024.

Desde 1997 el grupo produce su propio mezcal artesanal, a partir de 2007 resguarda dos chinampas en Xochimilco, donde se mantiene viva la técnica de cultivo tradicional. Estos elementos refuerzan el compromiso del restaurante con la preservación de prácticas agrícolas y gastronómicas mexicanas.

Los Danzantes Coyoacán se ubica en Parque Centenario 12, Coyoacán Centro, 04000, Ciudad de México. Información y reservaciones: teléfono +52 55 4356 7185; correo hana.aguirre@losdanzantes.com;

redes @losdanzantescoyoacan.




Sobre Ursulino Rueda: Gastrónomo con especialidad en comida mexicana, investigador de recetas antiguas, desde hace 15 años activista de la difusión de los mezcales tradicionales de los pueblos de México. Lector, melómano, a veces escribo, mezcólatra y tragón profesional.

Creador del espacio de experiencias gastronómicas: El Gusto Histórico, IG: https://www.instagram.com/elgustohistorico/

IG: @ursulinorueda


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Un viaje sobre la búsqueda
de identidad y experiencia
en el disfrute del vino









Por Liliana Cano

IG: @lilianacanno


¿Qué sucede cuando un mismo vino se prueba con casi dos décadas de distancia?

La respuesta no está solamente en cómo cambia con los años, sino en todo lo que ocurre entre una cosecha y otra. Las decisiones de quien lo hace, las condiciones de cada vendimia y sobre todo, la manera en que un mismo origen encuentra nuevas formas de expresarse.

Eso fue lo que permitió descubrir una cata vertical de Ícaro 2005, 2012 y 2021. Un extraordinario evento organizado por Alberto Cervantes, mejor conocido como SommGeekMx (https://www.instagram.com/sommgeekmx/) y Unique Wines. En dónde se presentaron tres añadas de un mismo vino que, más que mostrar una evolución lineal, revelaron la transformación de una idea.

Desde su primera añada, José Luis Durand, reconocido enólogo, ha construido su propuesta alrededor de una pregunta: “¿Cómo conseguir que el vino exprese con la mayor claridad posible el lugar del que proviene?”. Bodegas Icaro nació en Ensenada en 2005 y desarrolló una filosofía que el propio Durand define desde la enología aromática, una manera de entender el vino en la que el olfato se convierte en una herramienta para reconocer su identidad.

Y quizá por eso la mejor manera de conocer esa filosofía no es comenzar hablando de ella, sino poniendo tres copas sobre la mesa.


2005 - El comienzo

La primera fue Icaro 2005, una botella que habla desde la madurez.

En nariz aparecieron primero aromas frutales. Conforme el vino se abrió, comenzaron a surgir notas más profundas, terrosas y de bosque húmedo, con recuerdos de champiñones. A la vista mostró un color oscuro e imponente.

En boca fue untuoso, amplio y sostenido por una acidez viva, acompañada de un delicado toque mineral. Una acidez que no le resta volumen, sino que lo mantiene vivo y en equilibrio.

Hay algo revelador en esta primera copa, y es que el paso del tiempo, no había borrado el carácter del vino. Lo había llevado a otro lugar.


2012 - Una idea que evoluciona

Siete años después, Icaro 2012 muestra cuánto puede cambiar un vino sin dejar de ser reconocible.

Esta añada fue también un ensamblaje dominado por Nebbiolo y Cabernet Sauvignon.

El resultado fue un vino complejo y preciso, con fruta roja y oscura, especias y notas más profundas, además de una textura redonda y un final prolongado.

Frente al 2005, el 2012 se siente como una nueva interpretación de Ícaro.

Y ahí comienza a aparecer uno de los rasgos más interesantes de la bodega, la identidad no está en repetir una fórmula, sino en encontrar la mejor manera de expresar el vino en cada momento.


2021: el origen toma protagonismo

La tercera copa llevó esa búsqueda hasta el presente.

Icaro 2021 está elaborado con 53% Nebbiolo y 47% Cabernet Sauvignon, provenientes del Valle de Guadalupe. La fruta se cosecha manualmente y el vino fermenta sobre sus pieles con pisoneos suaves, antes de pasar 12 meses en barrica de roble francés y permanecer otro año en botella antes de salir al mercado.

Aquí sucede algo particularmente interesante.

Con los años, el ensamblaje se ha simplificado, pero la intención se vuelve más precisa. Hoy la propia bodega explica a Ícaro como un encuentro entre Nebbiolo de suelos arcillo-graníticos de las faldas del Valle y Cabernet Sauvignon de los Arenales, a orillas del río seco.

Es decir, la evolución de Icaro no solamente puede leerse en la botella. También puede leerse en la manera en que Durand ha ido entendiendo sus uvas y el lugar que cada una ocupa dentro del vino.

Y entonces las tres copas empiezan a contar una misma historia:

2005 muestra el origen.

2012, la búsqueda.

2021, una expresión más precisa.

Pero también cuentan algo más: casi dos décadas de aprendizaje, entendimiento y evolución.


Más allá de la copa

Quizá una de las reflexiones más interesantes que deja una cata como esta tiene que ver con la manera en que nos relacionamos actualmente con el vino.

Hoy es común hablar de cuándo hay que tomar un vino, con qué platillo acompañarlo o cuál es la ocasión correcta para abrir una botella. Pero frente a estas tres añadas aparece otra posibilidad… simplemente disfrutarlo.

Beberlo por lo que es. Por lo que expresa. Por la belleza que puede contener.

Porque detrás de cada botella existe también una búsqueda: la intención de capturar algo bello de la viña y llevarlo hasta la copa.

Y eso requiere tiempo. Tiempo para entender una variedad, observar una cosecha y aprender de ella. Tiempo para experimentar, ajustar y expresar. Tiempo, también, para descubrir que un vino no necesita permanecer igual para conservar su identidad.

En ese sentido, las tres añadas de Icaro pueden entenderse como distintas etapas de un mismo proceso, un proyecto que ha aprendido a escuchar mejor a su viña.








Lo que permanece

Después de probar 2005, 2012 y 2021, la conclusión más interesante no está en decidir cuál añada es mejor.

Está en observar qué permanece la intención de hacer que Icaro sea reconocible por su capacidad de expresar un lugar, un momento y una sensibilidad.

Y ahí aparece también el papel de los aromas, porque un vino puede hablarnos de una viña, pero también puede llevarnos a una nota particular que puede devolvernos, incluso por un instante, a un momento que creíamos olvidado.

El vino puede ser territorio, pero también memoria.

Quizá por eso una cata vertical resulta tan reveladora. No se trata únicamente de probar cómo envejece un vino, sino de observar cómo una idea se transforma con el paso del tiempo sin perder aquello que la hace reconocible.

2005, 2012 y 2021 no son solamente tres botellas de Ícaro. Son tres momentos de una misma búsqueda que consiste en aprender a mirar el vino como una forma de expresar la belleza de un lugar.


Conoce más de la experiencia en IG de sommgeekm aquí y aquí


Sobre Liliana Cano: Publicista y PR, amante de la música, la pintura y las aceitunas. Entre campañas, eventos y restaurantes, siempre hay algo nuevo que quiero probar, crear, aprender o contar.



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