Los exquisitos sabores
de la tradición auténtica
el Mole de Caderas
en El Mural de los Poblanos




Por Editores de Copas y Corchos
Instagram: @copasycorchos
Twitter: @copasycorchos


En el corazón del otoño, cuando los vientos de la Sierra Mixteca despiertan aromas profundos y rituales centenarios, el restaurante El Mural de los Poblanos enciende sus fogones para celebrar la Temporada de Mole de Caderas 2025. Del 9 de octubre al 30 de noviembre, este icónico platillo, emblema de la gastronomía mexicana, se presenta en su forma más pura, honrando las tradiciones prehispánicas y el legado de generaciones que han preservado su esencia sin alteraciones modernas. "Es más que un guiso; es un ritual vivo que conecta el pasado con el paladar presente", comparte el equipo del restaurante, comprometido desde hace 23 años con la memoria culinaria de la región.

El mole de caderas, originario de la Mixteca poblana, surge de una historia tejida con hilos ancestrales, según crónicas históricas, sus raíces se hunden en la era prehispánica, cuando los pueblos mixtecos preparaban un caldillo de guaje, chiles y hierbas, a veces enriquecido con carne de venado. La llegada de los franciscanos en el siglo XVII introdujo la cría de chivos en Tehuacán, transformando el plato en lo que conocemos hoy. Durante el Porfiriato, en las haciendas, los peones ingeniosamente aprovechaban los desechos de cadera y espinazo, dando vida a esta delicia que hoy se resguarda con fervor por familias ganaderas. En El Mural de los Poblanos, esta tradición se mantiene intacta: no hay atajos ni innovaciones que diluyan su autenticidad; los ingredientes –carne de chivo, semillas de guaje y chiles secos– se preparan con el mismas técnicas que en los fogones mixtecos, asegurando que cada bocado sea un eco del patrimonio cultural.

Lo que hace única esta temporada es el ritual de la trashumancia y la matanza, elementos que El Mural de los Poblanos resalta para educar a sus comensales, los chivos pastan meses en las montañas, alimentándose de hierbas silvestres como romero, tomillo y orégano, y bebiendo agua salina de Zapotitlán Salinas, lo que infunde a la carne una ternura y sabor inigualables, considerada una de las mejores de México; la Ceremonia de la Matanza, con misas de agradecimiento, bailes y procesiones adornadas con cempasúchil, culmina en una celebración donde matanceros, tasajeros y fritangueros honran cada parte del animal. "Aquí, nada se desperdicia; es una lección de sostenibilidad ancestral", enfatiza el restaurante, que fomenta estas prácticas para preservar el equilibrio ecológico y cultural de la Mixteca.

El menú de la temporada es un tributo dinámico a esta herencia, con platos que capturan la esencia tradicional sin concesiones; para el desayuno, los chilaquiles de mole de caderas se sirven con queso panela, aguacate y frijoles de la olla, un arranque vigoroso que evoca mañanas en las haciendas, entre las entradas destacan el tamal de chito, envuelto en hoja de plátano con reducción de frijol y caldo de mole; los tacos de espinazo bañados en mole o al mojo de ajo; molotes crujientes rellenos de chito y espinazo; tacos de sesos con salsa de aguacate; y tetelas con riñonada, acompañadas de salsas auténticas de guaje, jalapeño verde y chile costeño. Los platos principales elevan la experiencia: el mole de caderas clásico con chiles secos, guaje, cilantro criollo y cortes de cadera y espinazo; el espinazo al mojo de ajo; y el mole de chito, con carne secada al sol en un mole de guajillo, costeño y árbol, servido con chochoyotes y arroz blanco. Para cerrar, una refrescante nieve de mandarina refresca el paladar, manteniendo la simplicidad mixteca.






Pero la magia no termina en el plato, El Mural de los Poblanos eleva la temporada con maridajes ancestrales, aliados estelares que realzan el mole sin opacarlo. Los mezcales poblanos –Los Fuertes con sus siete etiquetas de magueyes endémicos de Atlixco y Tehuacán; 103 Voces, un ensamble cristalino de magueyes locales; y Candinga, con ocho variedades equilibradas por maestros mezcaleros– aportan calidez y profundidad. El tequila Cazcanes, artesanal de Jalisco con agave azul orgánico, añade un toque homenaje a la herencia destilera. Para los amantes del vino, opciones como Château Domecq, Dansu o Reserva Magna Nebbiolo, y la cerveza artesanal 1821 Mural de los Poblanos, completan un maridaje que celebra lo local y sostenible.

Ubicado en una casona del siglo XVII en el centro histórico de Puebla, El Mural de los Poblanos no sólo cocina; preserva, desde 2007, su enfoque en recetas familiares y procesos artesanales ha forjado alianzas con productores locales, suministrando insumos poblanos frescos. Como Aliado Oficial de Slow Food México desde 2019, promueve una alimentación justa y no industrializada. Reconocimientos como el Top 1000 Best Restaurants in the World de La Liste (por segundo año) y su inclusión en la Guía México Gastronómico desde 2015, validan su rol como guardián de la tradición.

En un mundo de fusiones efímeras, esta temporada invita a redescubrir lo auténtico. "Ven a deleitarte con el mole de caderas tal como se ha hecho por siglos", invita el restaurante. No es sólo una comida; es un viaje al alma mixteca que perdura.


Reservaciones en www.elmuraldelospoblanos.com, al 222 421 9320 o vía Instagram @muraldelospoblanos. 

Fotos: Mural de los Poblanos / Carlos León



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      Un delicioso recorrido
      por diversos espacios
      llenos de sabores
      en la Ciudad de México




      Por Natalia Hoyos
      Instagram: @nats.cocina

      Cada vez se vuelven mas necesarias para mí las escapadas de mi ciudad natal. Si bien el 15 de septiembre no se trató de un puente tal cual, aproveché la fecha -y el fin de semana que se cruzaba con un día inhábil-, para escapar una vez más a la Ciudad de Mexico.

      Sabía que habría personas que conozco, que quiero y que son importantes para mí por allá, así que decidí armar una ruta para todos, dejarme guiar por algunas recomendaciones y simplemente fluir.

      El día en que llegué tenía que preparar una sorpresa. Y es que el pan, a mi parecer, es una de las mejores formas de decirle algo bonito a alguien sin palabras. Caminé unas cuantas cuadras desde donde me hospedaba hasta llegar a Saint Panadería, ubicada en Benjamin Hill. Ya había probado en otra ocasión su croissant almendrado –hojuelas crujientes con ese toque de mantequilla que abraza el alma-. Esta vez sumé un scone y un biscotti para acompañar mi café de media mañana. Pequeños rituales que hacen mas amable cualquier comienzo.

      Mas tarde, la cita era en La Docena. Creo firmemente que sigue y seguirá siendo uno de los mejores lugares para comer con amigos. Tiene buena música, servicio que se disfruta y el ambiente perfecto para alargar la sobremesa.

      Como siempre, al centro de la mesa los ostiones -la tradición manda-, pedimos una docena de ostiones al grill con ese sabor acidito que me enloquece, los demás pidieron Rockefeller; yo, en los personal, no soy tan fanática de este plato, pero para quienes los eligieron, fue la mejor entrada para compartir.

      La Docena del chef Tomás Bermudez tiene ese algo que pocos lugares logran: entiende lo que el comensal busca. No solo ofrece gran producto y dominio de la técnica, sino una experiencia que combina sabor, energía y hospitalidad. Salir a divertirse, a comer bien y reír sin prisa, fue como terminó esa noche de jueves: ligera y feliz, con la sensación de haber llegado al lugar correcto.

      La mañana del viernes me llevaron a desayunar taquitos, como acá en el norte. Con la música y los aromas me transporté a un domingo en Monterrey en casa de la tía Beba esperando el machacado. El lugar: Barbacoa Gonzalitos. Aunque, sinceramente, de “taquitos” no tienen nada; son generosos, bien rellenos, de esos que te hacen pensar dos veces si realmente era buena idea pedir más de dos.

      Puedes elegir entre maíz o harina -yo siempre dudo, pero al final suelo caer en la tentación de ambos-. Chicharrón, barbacoa y una preparación de diezmillo fueron los elegidos de la mesa. El aroma a comal y a carne recién guisada, aún estando en exterior se percibía perfecto, y debatirse en la tentación entre agua del día o con una cerveza bien fría, porque así, sin pretensiones se comienza el fin de semana como se debe.

      De los tacos deliciosos pasé a los festejos españoles. La comida fue en Castizo, del chef Milu Crespo. Que gran persona: simpático, atento y con esa disposición genuina de quien disfruta ver a la gente feliz alrededor de la mesa. Desde el primer momento se notaba su intención de hacer de aquella comida – que era una celebración- una tarde inolvidable.

      Entre risas, brindis y platos que llegaban uno tras otro, el lugar se llenó de repente de una energía festiva, cálida, de esas que te hacen olvidar el tiempo.

      Cuando llegamos, ya estaba en la mesa la tradicional tortilla de patatas, croquetas doradas y crujientes. Por supuesto yo no podía dejar de pedir boquerones. Se han convertido en una pequeña obsesión, mía y de mi hijo de siete años. El chef los sirve sobre chips de papa, también pedimos pan tomate, un bocado sencillo pero perfecto. Después llegaron los arroces: uno con tinta, profundo, los comentarios del resto de la mesa fueron muy buenos, seguido de un arroz mas tradicional, cada uno con su propio carácter y memoria.

      Para cerrar, una tarta con el nivel perfecto de dulzor, pensada para consentir al cumpleañero y poner el broche de oro a una tarde que se sintió larga, generosa y feliz.

      Seguí la noche por mi cuenta. Es bueno también regalarme esos momentos y dirigirme a uno de mis imperdibles en la CDMX, como fan del vermut y la buena música: Oropel. Estoy convencida que la playlist de Oropel siempre es deliciosa.

      Pedirle un negroni a Mini Pie, sentarme en la barra y dejar que la conversación fluya con Bogar Adame sobre vermut y vino se ha vuelto un ritual, casi una cita conmigo misma.

      Hay algo hipnótico en ese lugar: la luz, el murmullo de las copas, el vaivén de las canciones que parecen elegidas para acompañar mis pensamientos, el ambiente en general. Cada visita me recuerda porque me gusta tanto escapar a esta ciudad.

      Podría hacer una segunda parte de un fin de semana patrio donde lo mas mexicano fue la salsa macha sobre mi toast de aguacate, pero que, al final, resume perfectamente lo que amo de este país: la creatividad de quienes cocinan, lo rico y lo diverso que es Mexico, la capacidad infinita de convertir lo cotidiano en una celebración y llenar mis días de primeras veces.

      En esta ciudad que siempre se siente como un respiro, confirmé que viajar es también otra forma de volver a uno mismo. Aunque me fui más de un fin de semana, esto no es más que el resumen de dos días que bastaron para recordarme porque cada visita me deja con ganas de volver antes de haberme ido.



      Comensal y cronista gastronómica del norte de México, egresada de programas de educación en turismo y en transito con un diplomado en periodismo gastronómico.
      Goza de una columna que comparte en le revista digital Copas y Corchos, además de diseñar recetas practicas que se disfrutan todos los días en sus redes sociales.
      Ha sido presentadora en festivales gastronómicos como ExpoPan y Expo Gastronómica en donde disfruta del interactuar con las asistentes y los cocineros mostrando el lado amable de la cocina.
      Es la creadora de Paralelo Experiencias en dónde ofrece al público, cenas, cursos y vivencias inolvidables conectadas con la gastronomía y el vino.
      Funge en la actualidad como directora de Turismo del Gobierno de Torreón, en donde le apasiona el compartir la belleza de su ciudad natal.
      Instagram: @nats.cocina



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      Corazón de Maguey
      ofrece una experiencia
      gastronómica
      que une los sabores de tradición
      con toques modernos



      Por Editores de Copas y Corchos
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      En el corazón histórico de Coyoacán, el restaurante Corazón de Maguey se transforma en un vibrante altar vivo durante la temporada de Día de Muertos. Del 27 de octubre al 9 de noviembre, este emblemático espacio, dedicado a la cocina mexicana y al mezcal artesanal, ofrece una experiencia culinaria que fusiona las tradiciones ancestrales con toques contemporáneos, invitando a los comensales a celebrar la vida y honrar a los que se fueron a través de sabores, colores y aromas inolvidables.

      Desde su fundación en 2008, Corazón de Maguey se ha posicionado como un templo dedicado a Mayahuel, la diosa del maguey, donde se enaltece el mezcal, las bebidas de origen y la gastronomía mexicana. Ubicado en el Jardín Centenario 9-A, este lugar reconcilia a los mexicanos con sus raíces originarias. "Aquí la tradición no se conserva estática: se vive en cocteles inspirados en leyendas urbanas, en platillos que reinterpretan el altar y en una barra que se convierte en escenario para celebrar la vida", describe el equipo del restaurante en su propuesta para esta temporada.

      La celebración de 2025, titulada "Celebración a Nuestros Muertos", convierte el espacio en una fiesta de color y reinvención. Los espíritus regresan para ser recibidos con música, DJs, tragos contemporáneos y sabores que entrelazan lo ritual con lo festivo. Flores, luces y brindis marcan las noches, recordando que la memoria se celebra con alegría y creatividad. "En Corazón de Maguey, cada copa de mezcal es un reencuentro y cada bocado un puente", enfatizan sus creadores, invitando a los visitantes a unirse desde la raíz hasta el presente.

      El menú especial, denominado "Ofrenda Gastronómica", es una oda a la tierra y las tradiciones. Entre los platillos destacan:

      - Ofrenda a la Tierra: Ecos del campo y la chinampa en hojas frescas, requesón suave e higo cristalizado, acompañados de crujientes de camote, manzana y plátano, celebrando los frutos del ciclo vital.

      - Camino al Mictlán: Pescado blanco envuelto en hoja santa, con frijoles adobados y coliflores, evocando el tránsito entre lo vivo y lo eterno.

      - Humo y Ceniza: Chichilo profundo con verduras de agua y costilla confitada en un caldo oscuro que resuena con la memoria ancestral.

      - Dulce Recuerdo: Panqué de camote con crema de pixtle y chocolate de metate, una dulzura terrosa que guarda el eco de los altares de noviembre.







      En el apartado de bebidas, resalta el Pulque de Cempasúchil, un pulque curado con toque de mandarina y flor de cempasúchil, disponible también como mocktail "Yolitia". Estas creaciones reinventan la tradición en cada trago, como promete el lema: "Aquí los muertos regresan a brindar".

      Detrás de esta propuesta está el chef ejecutivo Sergio Camacho (@chef_checo_camacho), egresado de la Universidad del Valle de México, con experiencia en el sector hotelero y una ideología enfocada en ingredientes frescos y técnicas modernas que respetan las recetas de origen, Camacho lidera el equipo de Los Danzantes Coyoacán y Corazón de Maguey. Los ingredientes provienen de productores locales, como chinampas en Xochimilco, maíz nativo de diversas regiones y productos oaxaqueños, asegurando calidad y prácticas sostenibles.

      Corazón de Maguey, con su atmósfera que remite a trajes de danzantes tecuanes, damajuanas y grabados ancestrales, se consolida como un destino imperdible en esta temporada. Para reservas o más información, contactar al +52 55 7406 8199 o visitar @corazondemaguey en redes sociales. En un año donde la ciudad late con energía festiva, este restaurante demuestra que el Día de Muertos no es sólo recuerdo, sino una vibrante celebración del presente.


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