Entre grandes etiquetas y platillos memorables, esta experiencia demostró por qué la bodega española es referente de la vitivinicultura ecológica.
El vino tiene la capacidad de transportar a quien lo prueba hacia su lugar de origen. Eso fue precisamente lo que ocurrió durante la cena maridaje organizada por Finca Torremilanos en el restaurante Bulla de la Ciudad de México, donde el reconocido sommelier mexicano Andrés Amor y Vicente Peñalba, propietario y responsable de la exportación de la bodega española, condujeron un extraordinario viaje enológico y gastronómico a través de cuatro etiquetas que revelan la esencia de Aranda de Duero, la Ribera del Duero y Castilla y León.
Cada copa contó una historia distinta. Desde la frescura de un blanco castellano hasta la profundidad de grandes tintos ribereños, los vinos encontraron en la cocina del chef Pedro Martín el aliado ideal para expresar sus matices. El resultado fue una experiencia donde la tradición vitivinícola española y la gastronomía contemporánea dialogaron con absoluta armonía.
Fundada en 1903 en Aranda de Duero, Finca Torremilanos es una de las casas vinícolas más representativas de la Ribera del Duero. Desde que la familia Peñalba López adquirió la propiedad en 1975, ha impulsado una filosofía centrada en el respeto por el viñedo y la expresión auténtica del terruño.
Actualmente cuenta con cerca de 200 hectáreas de viñedos propios y trabaja bajo principios de agricultura ecológica y biodinámica certificados. La bodega evita el uso de herbicidas e insecticidas, emplea composta natural, preparados biodinámicos y vendimias manuales, buscando que cada vino refleje de forma fiel las características de sus suelos y microclimas.
Una cena maridaje para descubrir la esencia de Finca Torremilanos
La experiencia comenzó con una selección de entradas que despertaron el apetito y prepararon el paladar para el recorrido. La gilda de boquerón y la marinera de anchoa encontraron un magnífico acompañamiento en el Blanco Peñalba López, un vino de Castilla y León cuya frescura, perfil aromático y vibrante acidez realzaron los sabores marinos de estos clásicos aperitivos españoles.
El primer tiempo estuvo conformado por unos delicados pimientos rellenos de bacalao y un refrescante shot de gazpacho. La propuesta se maridó con Clarete Ojo Gallo, D.O. Ribera del Duero, una etiqueta que rinde homenaje a una de las tradiciones históricas de la región. Su carácter fresco y notas frutales, acompañó con precisión la intensidad del bacalao y la personalidad vegetal del gazpacho.
Para el segundo tiempo llegó uno de los momentos más reconfortantes de la noche: un arroz meloso ibérico de textura sedosa y gran profundidad de sabor. El platillo encontró equilibrio junto a Torremilanos Crianza, D.O. Ribera del Duero, un vino elaborado bajo criterios ecológicos y biodinámicos, cuya crianza aporta complejidad, estructura y elegantes notas especiadas que se integraron de forma natural con la riqueza del arroz.
La experiencia alcanzó uno de sus puntos culminantes con el tercer tiempo con un solomillo con salsa de Oporto y foie. La intensidad del plato exigía un vino de gran presencia, y la respuesta llegó con Torremilanos Colección, D.O. Ribera del Duero. Su profundidad aromática, taninos pulidos y largo final en boca acompañaron cada bocado, construyendo uno de los maridajes más memorables de la velada.
Como cierre, el restaurante presentó un aparentemente sencillo pero extraordinario pan de chocolate, aceite y sal. Un postre que demuestra que la grandeza gastronómica muchas veces reside en la simplicidad. Su equilibrio entre dulzor y notas salinas puso el broche de oro a un recorrido que comenzó en los viñedos de Aranda de Duero y concluyó en las mesas de Bulla, en la Ciudad de México.
Más allá de la calidad de sus etiquetas, Finca Torremilanos representa una visión de la vitivinicultura que mira hacia el futuro sin perder de vista sus raíces. Sus vinos se han convertido en referentes de la agricultura ecológica y biodinámica en España, demostrando que la sostenibilidad puede convivir con la excelencia enológica.
Hoy, estas botellas viajan desde el corazón de la Ribera del Duero hasta mercados internacionales como México, llevando consigo la identidad de una región que ha contribuido a consolidar el prestigio de los vinos españoles en Europa y el mundo. Cada etiqueta de Torremilanos es una invitación a descubrir el paisaje, la historia y la pasión de quienes han dedicado generaciones enteras a cultivar la tierra con respeto. Son vinos que hablan de origen y de una forma de entender la naturaleza que sigue inspirando a la industria vitivinícola global.
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