Blanco Castelar y Blanco Colima presentan una nueva carta que marca el comienzo de una etapa renovada para ambos restaurantes. La propuesta, desarrollada de manera conjunta por Mike Dávila, chef ejecutivo de Grupo Carolo, y Alfredo Carbajal, chef de Blanco Colima y Blanco Castelar, busca refrescar la identidad gastronómica de dos espacios que se han convertido en referentes dentro de sus respectivas zonas.
Con una clientela consolidada y una personalidad propia, Blanco Colima se acerca a sus once años de historia, mientras que Blanco Castelar cumple ocho años este 2026. El reto detrás de su renovación es evolucionar sin perder aquello que ha definido a ambos restaurantes: una cocina contemporánea, accesible y pensada alrededor del disfrute de la mesa.
El nuevo menú pone especial énfasis en entradas diseñadas para colocarse al centro y compartir, respondiendo a una manera más relajada de comer. La intención es que cada visita pueda construirse a partir de distintos platos y sabores antes de llegar a los fuertes, recuperando esa idea esencial de Blanco de reunirse alrededor de una mesa.
Nuevos platos, misma esencia
Producto, técnica y creatividad son los valores que definen las nuevas incorporaciones a la carta. Entre ellas se encuentra el tartar de atún aleta azul, acompañado de caviar de esturión Ossetra, carpaccio de aguacate y vinagreta de limón, y el Hamachi japonés con ponzu y puré de serrano. El producto del mar continúa con el callo de hacha, servido con leche de tigre, aceite de chile serrano y manzana verde, en un plato donde la frescura, la acidez y el picante acompañan la textura del callo.
Entre las propuestas pensadas para compartir aparecen las aceitunas con burrata ahumada, acompañadas de pesto genovés, pistache y limón amarillo, que combinan la cremosidad del queso con notas herbales, cítricas y ahumadas.
La carne también adquiere protagonismo con un steak tartar de filete de res prime, vinagreta de alcaparra y papas Saratoga; así como con las chalupas de filete prime, preparadas con manchego semicurado y pimientos de piquillo.
Como uno de los platos centrales llega el Filete Wellington para compartir: 400 gramos de carne acompañados de duxelle de hongos, prosciutto y espárragos a la mantequilla.
Un nuevo capítulo dulce
La renovación alcanza también a los postres, con cuatro nuevas propuestas que recorren sabores como el queso, el limón, el chocolate y la manzana.
El fondante de manchego semicurado se sirve con helado de vainilla, llevando el carácter del queso hacia el terreno dulce. La Sorpresa de limón combina ganache montée de chocolate blanco con limón Eureka confitado, mientras que la Trufa de chocolate reúne pastel de chocolate, helado de caramelo y salsa de chocolate.
Completa la selección la Tarta Tatin, elaborada con manzana caramelizada en mantequilla, hojaldre y helado de vainilla, una interpretación de uno de los grandes clásicos de la repostería francesa.
Producto mexicano y trazabilidad
La renovación de Blanco Castelar y Blanco Colima no ocurre solo en los platos. Uno de los ejes del proyecto ha sido fortalecer la selección de ingredientes y proveedores. Mike Dávila y Alfredo Carbajal han participado directamente en la búsqueda de proveedores que estén desarrollando productos mexicanos de calidad.
Ambos restaurantes trabajan con iniciativas como Pesca con Futuro y Comepesca, particularmente en la selección de productos del mar. Al mismo tiempo, el equipo ha puesto atención en la trazabilidad de los quesos y en la búsqueda de productores nacionales.
La nueva carta incorpora además productos provenientes de distintas regiones del país, incluyendo quesos y lácteos elaborados en cuencas productoras como La Laguna y Texcoco. Esta mirada responde también a un momento particularmente dinámico para la gastronomía de la Ciudad de México: ante una oferta restaurantera cada vez más exigente, Blanco apuesta por diferenciarse a través de una cocina que evoluciona, sorprende y encuentra en el producto mexicano una de sus principales herramientas de identidad.
Más que romper con su historia, Blanco Castelar y Blanco Colima buscan actualizarla. Dos restaurantes con identidades propias comparten ahora una misma carta y una misma visión: buena cocina, producto de calidad y platos creados para volver a disfrutar el acto de sentarse alrededor de una mesa y compartir.
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