La vinícola La Santísima Trinidad presentó sus etiquetas en una cena maridaje en Tannin Artbar, donde confirmó la identidad del Bajío vitivinícola con vinos de perfil definido y vocación gastronómica.
En el corazón de Guanajuato, la vinícola La Santísima Trinidad se ha consolidado como una de las propuestas más interesantes del Bajío vitivinícola. Fundada en 2015, forma parte de un proyecto integral donde convergen viñedos, olivares y campos de lavanda, una triada agrícola que no sólo define el paisaje, también construye una identidad sensorial propia.
Sus viñedos, establecidos a más de 1,900 metros sobre el nivel del mar en los alrededores de San Miguel de Allende, se benefician de una amplitud térmica marcada que favorece la maduración fenólica y la preservación de la acidez. Los suelos franco-arenosos, con buen drenaje, permiten un desarrollo equilibrado de la vid, especialmente en variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah y Sauvignon Blanc.
Bajo un enfoque de microvinificación y manejo parcelario, la bodega busca interpretar su terruño con la menor intervención posible. En bodega, la crianza en barrica se utiliza con criterio, como una herramienta que acompaña la estructura sin desplazar la expresión de la fruta.
Más que una vinícola emergente, La Santísima Trinidad representa una lectura contemporánea del vino mexicano con técnica afinada y vocación gastronómica.
La Santísima Trinidad confirma al Bajío como referente vitivinícola
Para conocer los vinos de La Santísima Trinidad, nos dimos cita en Tannin Artbar, en ciudad de México, en una cena maridaje guiada por el enólogo Germán Calvo. Ahí, cada etiqueta se entendió en función de la mesa.
El recorrido inició con Blancs Brut Espumoso, de Barrica de Fuego. En copa, mostró burbuja fina, acidez firme y notas de perfil cítrico. Su encuentro con el ceviche porteño afinó la percepción del vino, resaltando su tensión y limpieza.
Seguimos con un Blend joven 2024 tinto, también de Barrica de Fuego, sin paso por barrica, se expresó con fruta roja nítida y tanino amable. Su carácter versátil permitió acompañar distintos momentos del menú sin imponerse.
Continuamos con el Malbec roble 2023 de Barrica de Fuego, que aportó mayor estructura. En nariz, se percibieron notas de fruta negra con matices de cacao y tostados. En boca, encontró equilibrio junto a una gordita de chicharrón, donde la textura del vino compensó la grasa del platillo.
El Reserva Malbec mostró mayor profundidad. Aparecieron capas de fruta negra, especias y un fondo balsámico. Su paso amplio acompañó un taco de pescado rebozado, logrando un balance entre volumen y frescura.
El cierre llegó con el Reserva Cabernet Sauvignon, de estructura firme y perfil clásico. En copa, destacó por notas de cassis y matices herbales. En mesa, sostuvo un fettuccini en salsa de betabel, donde la intensidad del plato encontró soporte en la arquitectura del vino.
Más allá de la técnica, la experiencia confirmó algo que ya no sorprende pero sí entusiasma: el vino mexicano ha encontrado su lugar en la mesa, dialogando con naturalidad con la cocina nacional, desde lo más cotidiano hasta propuestas más elaboradas.
Acercarse a los vinos de La Santísima Trinidad no es sólo una invitación a degustar, es una forma de entender cómo el Bajío se está escribiendo, copa a copa, dentro del mapa del vino contemporáneo.
Otras notas relacionadas:
- Los vinos de Coahuila destacan en calidad y se ganan el corazón del consumidor
- Vive experiencias gastronómicas por Hidalgo con el chef Aquiles Chávez
- La exquisita evolución del restaurante Al´Ándalus
- Viajes diferentes y deliciosos: Ruta Gastronómica Tres Marías
- Banyan Tree Mayakoba anuncia imperdible agenda de Festivales Gastronómicos 2022
- "De sobremesa con Zacapa", una nueva experiencia que no te puedes perder
RSS Feed
Twitter





No hay comentarios :
Publicar un comentario
¡Hola!, ¡Gracias por tus comentarios!