Hay proyectos que nacen por ambición y otros por necesidad. Castell d'Or pertenece a aquellos que perseveran y encuentran nuevas oportunidades.
En 2005, 16 cooperativas catalanas decidieron unirse para ganar algo más que escala: control sobre su calidad, mayor presencia en mercados internacionales y conectar pasado y presente.
“Esto no es una marca que se inventó de la nada”, explica Paul Pinto, representante para América Latina. “Es el resultado de muchas familias que llevan generaciones trabajando la tierra y que entendieron que juntas podían hacer las cosas mejor”.
El origen de esas familias se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la filoxera obligó a los viticultores a organizarse para sobrevivir.
De esa crisis nació una cultura cooperativista y algunas de las bodegas que forman parte del grupo son auténticas joyas arquitectónicas, conocidas como “catedrales del vino”, varias de ellas influenciadas por el modernismo catalán y asociadas al universo de Antoni Gaudí.
“Muchas de esas bodegas hoy son patrimonio nacional. Algunas ya no se usan para producción, pero siguen contando la historia de quiénes somos”, menciona Pinto.
Son más de 2 mil 200 viticultores que forman parte del proyecto. Los viñedos, situados en distintas zonas de Cataluña a unos 400 metros sobre el nivel del mar, se benefician de una tradición vitivinícola de más de dos mil años.
Las variedades clásicas Parellada, Macabeu y Xarel·lo son la columna vertebral de las etiquetas y se complementan por Chardonnay y Trepat para estilos más contemporáneos.
“El secreto sigue estando en el campo. Puedes tener tecnología, puedes crecer, pero si no cuidas la uva, no hay nada que hacer”.
La casa trabaja con crianzas que respetan las categorías tradicionales: al menos 9 meses para cavas de guarda y 18 meses para gran reserva. Un 80% de la producción se exporta y las practicas en beneficio del medio ambiente se reflejan en paneles solares.
“Somos un proyecto grande, sí, pero no queremos perder el alma”, dice Pinto. “Al final, cada botella representa a muchas familias”.
Para distintos paladares
Tres opciones de cava.
Semi Sec: Fruta blanca madura, manzana y un guiño floral. En boca es amable, con dulzor integrado y burbuja suave. Fácil de beber, pensado para momentos relajados o postres ligeros.
Brut Rosado: Fresa y frambuesa al frente, con un toque floral fresco. Acidez equilibrada, burbuja fina y final limpio. Refrescante, con buena versatilidad en mesa.
Brut: Manzana verde, cítricos y ligeros tonos de pan tostado. Seco, con buena acidez y estructura media. Burbuja persistente y final nítido, ideal para acompañar comida.
Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
IG: @angelorivasmx
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