Uno de los platillos más 
esperados del año regresa 
a la mesa de Carmela y Sal




Por Editores de Copas y Corchos
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Por quinto año consecutivo, el restaurante encabezado por la chef Gaby Ruiz presenta su temporada de Chiles en Nogada, una celebración que honra la tradición poblana, el trabajo de los productores mexicanos y la temporalidad de los ingredientes que dan vida a uno de los grandes símbolos de la gastronomía nacional.

Desde hace cinco años, el restaurante ha convertido esta receta en una de sus propuestas más representativas, perfeccionándola temporada tras temporada sin perder de vista el respeto por el producto y por quienes lo cultivan.



“La primera vez que probé los chiles en nogada fue en una Navidad, en mi casa de Tabasco, cuando a mi mamá se le ocurrió prepararlos. A mí me encantó ese chile, se me hizo un plato delicioso y lo disfruté mucho. Nunca me atreví a hacerlo cuando llegué a Ciudad de México, pero mi tercera casa es poblana, porque Rafael, mi esposo y socio, y toda su familia son poblanas. Y por eso empezamos a hacer chiles. Cinco años después de prepararlos en Carmela y Sal, me siento ya confiada haciéndolos, como un pez en el agua”, comparte la chef Gaby Ruiz.


Una nueva versión que conserva su esencia 

Lejos de ser una receta estática, el chile en nogada de Carmela y Sal evoluciona año con año para responder a las características naturales de cada cosecha. “Cada año cambia la receta. A veces hay que ponerle una notita de azúcar, porque si no queda muy ácido. O en cierta temporada no tienen tanto sabor, entonces mi receta necesita más sal”, explica la chef.

El platillo está elaborado con un relleno de carne de res y cerdo, manzana panochera, pera lechera, durazno criollo, plátano macho frito, ciruelas pasas, pasas rubias, piñones y jícama cristalizada como sustituto del acitrón, cuya extracción está prohibida por encontrarse en peligro de extinción. Se sirve bañado con una nogada preparada con nuez de Castilla fresca y se termina con granada y pétalos de rosa.



Para Cookie Martínez, sous chef de Carmela y Sal, cada temporada representa una oportunidad para comprender el profundo valor de los ingredientes y del trabajo que existe detrás de ellos.

“Es bastante emocionante ir entendiendo cada uno de los ingredientes que lleva este platillo. Sabemos que la manzana panochera, la pera lechera y el durazno criollo solo pueden encontrarse en esta temporada, y encontrar su punto perfecto de maduración es fundamental para lograr el equilibrio del relleno. La temporada pasada entendí por qué hay que respetar el costo de una nuez de Castilla fresca; conocer el proceso que realizan los productores de Atlautla y el trabajo que implica pelarla y limpiarla cambia por completo la perspectiva. Lo mismo sucede con el chile: entender que el chile poblano tiene su origen en un proceso de cultivo que hoy encuentra en Calpan condiciones únicas para desarrollarse nos permite valorar aún más cada ingrediente que llega al plato”, señala Cookie.

“En esta temporada de Chiles en Nogada no queremos ser los más famosos, queremos ser los favoritos, que la gente los quiera”, asegura Ulises Juvera, nuevo jefe de sala de Carmela y Sal.


Productores mexicanos y con trato justo

Uno de los pilares de esta propuesta es el trabajo cercano con productores mexicanos que suministran ingredientes frescos y de temporada. La chef Gaby Ruiz considera que conocer el origen de cada ingrediente transforma por completo la manera de entender este platillo y el valor que existe detrás de cada uno de sus elementos; detrás de cada ingrediente existe una historia de tradición, conocimiento y trabajo en el campo mexicano.

“Desde hace años utilizamos nueces del Estado de México, primero por la cercanía, porque realmente necesitamos la nuez súper fresca, recién cosechada. Los perfiles aromáticos cambian bastante de las nueces de Puebla a las nueces del Estado de México. La nuez de Puebla es un poquito más floral y la del Estado de México es más mantequillosa”, señala Gaby Ruiz.



Para Salvador Chávez Santos, productor de nuez de Castilla del Estado de México y proveedor de Carmela & Sal, este fruto se ha convertido en un emblema de la cocina mexicana. “Para obtener un solo kilo de nuez ya pelada necesitamos entre tres y cuatro kilos y medio de nuez con cáscara, alrededor de 225 piezas”, explica.

Mientras la nuez de Castilla proviene del Estado de México, el chile poblano criollo llega desde Calpan, Puebla, una región privilegiada por las condiciones de su suelo volcánico.

“Calpan se encuentra muy cerca de los volcanes y durante muchísimos años esa tierra nos ha dado minerales que se traducen en sabor y aromas. Este chile tiene características organolépticas únicas que ningún otro puede ofrecer. Lo que hacemos es mantener viva esta tradición, sembrar este chile de tiempo que solamente puede cosecharse durante esta temporada”, comenta Luis Alberto Bermeo Cruz, productor de chile poblano criollo de Calpan









Además del chile en nogada disponible a la carta por un precio de $690 pesos, el restaurante ofrecerá un menú especial integrado por Tostadas de mentiras, Chile en nogada y Manjar de coco, acompañado por distintas experiencias de maridaje con destilados de agave, vinos y espumosos mexicanos seleccionados especialmente para la temporada por el sommelier de la casa, Andrés Arenas. Este menú con experiencia de bebidas tiene un costo de $1,590 pesos.



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      Un espacio
      para aprender y
      disfrutar



      Por sommelier Angelo Rivas


      La cocina también puede ser un lugar de demostración. No sólo en el sentido técnico, sino como espacio para probar productos, aprender recetas, reunirse y entender de forma práctica cómo ciertos utensilios cambian la manera de preparar alimentos en casa.

      Con esa idea, Essen inauguró su primer Centro de Experiencia en México, ubicado en Patricio Sanz 329 A, en la colonia Del Valle. La apertura marca un nuevo paso para la empresa argentina, especializada en productos de cocina, que ya tiene presencia en distintos países de Latinoamérica y que busca fortalecer su operación en el mercado mexicano.

      Fundada en Argentina en 1980, Essen ha construido buena parte de su presencia regional a partir de cacerolas, utensilios y un modelo de distribución que combina venta, demostración y comunidad. La empresa reporta más de 30 millones de cacerolas vendidas y una red superior a 20 mil distribuidores en Latinoamérica.

      El espacio está planteado como un showroom activo, abierto al público, pero no sólo para exhibir cacerolas o utensilios. La intención es que los visitantes puedan verlos en uso, participar en demostraciones culinarias y acercarse a una agenda de actividades que incluirá clases, capacitaciones, cocina regional, gastronomía del mundo, talleres para niños y sesiones pensadas para parejas.

      Jaime Betancur, director de Negocios Internacionales de Essen, explica que el nuevo centro busca ser “un punto de encuentro” y no únicamente una sala de exhibición. La frase resume bien el giro del proyecto: pasar del producto visto en anaquel al producto integrado a una experiencia de cocina real.

      La apertura también responde a un contexto donde la cocina casera ha recuperado valor, no necesariamente desde la nostalgia, sino desde la practicidad. Cocinar en casa hoy implica resolver tiempo, gasto, salud, convivencia y hasta aprendizaje. En ese terreno, Essen busca conectar con consumidores que quieren probar antes de comprar, pero también con personas interesadas en capacitarse o emprender dentro de su red de distribución.





      El Centro de Experiencia funcionará además como sede de formación para distribuidores de la marca en México. Ahí se realizarán capacitaciones y actividades enfocadas en quienes buscan desarrollar un negocio independiente a partir de la venta directa, uno de los ejes históricos de la compañía.

      Más que una tienda tradicional, el nuevo espacio en la Ciudad de México quiere operar como una cocina en movimiento: un lugar donde se prueban recetas, se explican técnicas, se presentan productos y se generan encuentros alrededor de la mesa.



      Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
      IG: @angelorivasmx



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          Grandes vinos
          que expresan
          territorio, estilo y cultura




          Por sommelier Angelo Rivas


          Las posibilidades de un vino blanco no se acaban en pescados y mariscos, y mucho menos para el calor o una alberca, denominaciones como Pinot Grigio delle Venezie es un vino versátil, fresco y fácil de beber. 

          Para José Luis Umaña, sommelier representante de la región, la conversación actual pasa por un cambio en el gusto del consumidor. “Está cambiando el paladar en el mundo. El paladar anglofrancés ha dominado porque busca potencia e intensidad, con roble y alcohol, y ahora se busca más suavidad”, explica.

          La DOC delle Venezie se ubica en el noreste de Italia y comprende Veneto, Friuli Venezia Giulia y la Provincia Autónoma de Trento. Es la denominación más grande dedicada al Pinot Grigio y una de las zonas donde su expresión es ilimitada.

          El destino importa porque el territorio define buena parte del estilo. La zona se extiende desde los Dolomitas hasta el Adriático, con Venecia como uno de sus puntos culturales más reconocibles, y con influencias que miran tanto hacia el mundo mediterráneo como hacia Centroeuropa. 

          No es casualidad: Venecia está más cerca de Austria que de Roma, y esa ubicación también ayuda a explicar cierta precisión, frescura y sobriedad en sus vinos.

          El territorio combina suelos calcáreos y aluviales, zonas protegidas por montañas, áreas cercanas al mar y una diversidad de condiciones que puede cambiar en pocos kilómetros. Esa variedad permite elaborar distintos estilos: vinos tranquilos, frizzantes, espumosos y versiones ramato (de tono rosado o cobrizo) resultado de una breve maceración con las pieles de la uva.

          El clima es templado, con promedios que favorecen una maduración lenta y una buena conservación de acidez. La amplitud térmica entre el día y la noche ayuda a construir vinos frescos, limpios y aromáticos. En contextos más cálidos, como ocurre con algunas expresiones de Pinot Grigio fuera de Italia, la uva puede desarrollar perfiles más maduros y tropicales.



          La variedad también tiene una historia propia. Pinot Grigio pertenece a la familia Pinot y es una mutación del Pinot Noir. Su nombre se asocia con la forma compacta del racimo, semejante a una pequeña piña. Se le ha rastreado históricamente en distintas zonas de Europa, desde Alemania y Francia hasta Hungría, y con el tiempo encontró en el noreste italiano una de sus expresiones más reconocidas.

          En copa, el Pinot Grigio delle Venezie suele mostrar notas de pera, manzana, flores blancas, fruta de hueso y, en algunos casos, un matiz ligeramente especiado. Su atractivo no está en la contundencia, sino en la claridad: vinos secos, frescos, fáciles de disfrutar, pero con suficiente estructura para acompañar comida.

          Funciona como aperitivo, pero también con mariscos, pescados, ensaladas, pastas ligeras, risottos, verduras, quesos frescos, cocina asiática no demasiado picante y preparaciones mexicanas donde haya acidez, hierbas o salsas verdes. En coctelería, su perfil fresco y discreto también puede servir como base para tragos de baja graduación y mezclas ligeras.

          La DOC delle Venezie cuenta con un sistema de trazabilidad que permite seguir el vino desde la uva hasta la botella. 

          El nuevo reto está en mostrar que no se trata sólo de un vino simple o de consumo casual, sino de una categoría capaz de expresar territorio, estilo y cultura.


          Sobre Angelo Rivas: Máster en Negocio del Vino y Gestión Vinícola por la Universidad de Barcelona, sommelier y consultor profesional de vinos, así como periodista de bebidas y gastronomía por más de 25 años.
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