Desde palacios nobiliarios reconvertidos 
en hoteles hasta enclaves situados junto 
a algunas de las grandes residencias 
reales de Europa




Por Editores de Copas y Corchos
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  • Una propuesta para descubrir antiguos palacios reconvertidos en hoteles y establecimientos ubicados junto a algunas de las residencias reales más emblemáticas de Europa —como Versalles, en Francia; Turín, en Italia; o Schönbrunn, en Austria.


NH Collection Hotels & Resorts, marca premium de Minor Hotels, propone una selección de hoteles donde la historia, el arte y la riqueza cultural forman parte de la experiencia de viaje e invita a descubrir una selección de hoteles donde se puede vivir el legado histórico. 

Desde palacios reconvertidos en elegantes alojamientos manteniendo toda su esencia, hasta ubicaciones próximas a residencias reales icónicas como Versalles, Schönbrunn o Amalienborg, la marca propone redescubrir Europa a través de su historia viva, en enclaves tan evocadores como el Barrio de las Letras de Madrid, la Judería de Córdoba, el Cannaregio veneciano o la Via Vittorio Emanuele en Palermo.


Dormir en un palacio: hoteles con alma histórica

Palacios nobiliarios, residencias señoriales y edificios con siglos de historia dan forma a esta selección de hoteles NH Collection, donde el patrimonio arquitectónico se integra de manera natural en la experiencia de alojamiento. Espacios que invitan a descubrir cada destino desde su esencia más auténtica, fusionando legado histórico y confort contemporáneo con una elegancia atemporal.

En España, NH Collection Madrid Palacio de Tepa se sitúa en un edificio histórico diseñado por Juan de Villanueva para los Condes de Tepa. La rehabilitación del inmueble permitió recuperar restos del sistema de canales del siglo XVI, hoy integrados en el propio hotel. Este hotel combina arquitectura original y diseño contemporáneo, a solo 15 minutos a pie del Palacio Real de Madrid.



En Córdoba, NH Collection Palacio de Córdoba se integra en el corazón de la Judería, ocupando dos casas nobiliarias de los siglos XVII y XVIII. El hotel, de cinco estrellas,  mantiene elementos arquitectónicos originales, como patios y galerías, que evocan la esencia histórica de la ciudad. Sus cerca de 70 habitaciones, recientemente renovadas, ofrecen un espacio contemporáneo y sereno, a escasa distancia de la Mezquita-Catedral y otros puntos clave de la ciudad que forman parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Por su parte, NH Collection Palacio de Burgos se ubica junto al río Arlanzón y frente a la Catedral —declarada Patrimonio de la Humanidad—, en un edificio gótico del siglo XVI. El inmueble ha desempeñado distintos usos a lo largo de su historia antes de ser hotel y conserva hoy elementos singulares como su claustro de piedra. Sus 110 habitaciones, algunas con vistas a la catedral, completan la experiencia en uno de los enclaves monumentales más representativos de la ciudad.



En Italia, el hotel NH Collection Venezia Grand Hotel Palazzo dei Dogi habita el histórico Palazzo Rizzo-Patarol, en el sereno barrio de Cannaregio. Sus 64 habitaciones, inspiradas en la tradición veneciana, se abren a un ambiente íntimo y elegante, con un jardín secreto —el más antiguo de la ciudad— y vistas a la laguna que aportan una calma excepcional. La experiencia se completa en su restaurante Da Lorenzo – Al Giardino Segreto, donde la cocina de Paulo Airaudo, que suma 8 estrellas Michelin en sus distintos restaurantes, propone un viaje sensorial que dialoga con el alma de Venecia. Finalmente, en Sicilia, NH Collection Palermo Palazzo Sitano, situado en la emblemática Via Vittorio Emanuele, ocupa un palacio barroco compuesto por tres antiguas residencias nobiliarias. El edificio conserva frescos, columnas y arcos originales en sus 86 habitaciones y ofrece una ubicación privilegiada para descubrir a pie el patrimonio histórico y cultural de Palermo. 


Dormir cerca de la historia: a las puertas de las grandes residencias reales de Europa

NH Collection propone además una selección de destinos europeos junto a algunas de las residencias reales más emblemáticas del continente, como el Palacio de Versalles en París, el de Schönbrunn en Viena o el de Amalienborg en Copenhague, invitando al viajero a descubrir el legado histórico y cultural de Europa.

En Francia, París se consolida como punto de partida para descubrir el Palacio de Versalles, uno de los grandes iconos del legado monárquico europeo. Desde el hotel NH Collection Paris Ponthieu Champs-Élysées, ubicado en el exclusivo distrito VIII, el viajero puede combinar la energía de los Campos Elíseos con el acceso a enclaves culturales como el Palais de l’Élysée, el Grand Palais o el Petit Palais, y adentrarse fácilmente en la grandeza de la residencia impulsada por Luis XIV.

Viena despliega la majestuosidad del Palacio de Schönbrunn, símbolo del esplendor imperial austríaco. Antigua residencia de verano de los Habsburgo y ligada a la figura de la emperatriz Sisi, este imponente conjunto barroco invita a recorrer siglos de historia entre salones dorados y jardines que evocan la vida en la corte. Desde NH Collection Wien Zentrum, situado en una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad, se abre la puerta a este universo de elegancia histórica.

La capital danesa ofrece una interpretación más íntima y serena del legado monárquico a través del Palacio de Amalienborg, residencia de la familia real en pleno centro. A escasa distancia, NH Collection Copenhagen, a orillas del canal, propone descubrir esta herencia desde una perspectiva contemporánea, donde el diseño nórdico y la luz escandinava definen una estancia marcada por la calma y la sofisticación. Ámsterdam, con su carácter vibrante y su rica historia comercial, encuentra en el Palacio Real de Amsterdam uno de sus máximos exponentes patrimoniales. Muy cerca, NH Collection Amsterdam Barbizon Palace, integrado en varios edificios históricos, combina con naturalidad pasado y presente, ofreciendo una experiencia donde arquitectura, historia y diseño conviven en equilibrio.

En Italia, Turín aporta un escenario donde historia y estilo de vida se entrelazan con naturalidad. El hotel NH Collection Torino Piazza Carlina, ubicado en un edificio histórico del siglo XVII en pleno centro, permite descubrir a pocos minutos el Palacio Real de Turín, residencia emblemática de la Casa de Saboya e integrada en el conjunto de Residencias Reales reconocidas por la UNESCO. Cierra esta propuesta Aranjuez, uno de los enclaves cortesanos más representativos de España. NH Collection Palacio de Aranjuez, situado a escasos metros del Palacio Real, ocupa un edificio históricamente vinculado a Manuel Godoy y se integra en un entorno declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, donde la arquitectura, los jardines históricos y el paisaje cultural configuran un relato vivo de la historia de la monarquía española.

Desde palacios nobiliarios reconvertidos en hoteles hasta enclaves situados junto a algunas de las grandes residencias reales de Europa, esta colección de NH Collection Hotels & Resorts invita a viajar de una forma diferente, a través de la historia, la belleza y el legado de cada destino. Además, para completar la experiencia, los hoteles NH Collection ofrecen un servicio de atención personalizada al huésped (Guest Relations), que abre la puerta a visitas y propuestas exclusivas en torno a estos icónicos palacios reales, invitando a descubrir cada destino de una forma única y a medida.

Para más información sobre los hoteles, disponibilidad de experiencias o reservas, pueden consultar la página web de NH Collection Hotels & Resorts: nhcollection.com o ponerse en contacto directamente con el hotel de tu elección, donde el equipo de Guest Relations podrá ayudar a diseñar una estancia completamente personalizada.



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      Un plato que nació en los campos 
      de la Albufera y sedujo a Hemingway, 
      a reyes y a presidentes, hoy encuentra 
      en la Ciudad de México una de sus 
      versiones más celebradas: la de Fran López




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      Hay platos que se cocinan y platos que se cuentan. La paella pertenece a esa segunda categoría: pocas recetas del mundo cargan tanta historia, tanto mito y tanta devoción en una sola sartén comenta el bodeguero y empresario Fran López, quién celebró el Día Internacional de la Paella cocinando para los comensales de Fran Roma, una de sus exquisitas creaciones el pasado viernes 24 de septiembre. Durante todo el mes de septiembre, los diversos establecimientos del tabernero más famoso de México, presentó exquisitas creaciones de su emblemático platillo: La paella.



      Sobre la historia de este exquisito platillo conocido a nivel global, este nació humilde, en los campos de arroz cercanos a la Albufera valenciana, entre los siglos XV y XVI, cuando campesinos y pastores buscaban una comida fácil de preparar con lo que tenían a la mano: aves, conejo salvaje, verduras del huerto, arroz, azafrán y aceite de oliva, cocinados a fuego lento sobre leña de naranjo que perfumaba cada grano.



      Con los siglos, esa receta campesina se convirtió en el plato mas internacional de España —y en un imán para algunos de los personajes más fascinantes del siglo XX. Ernest Hemingway desarrolló tal devoción por la paella valenciana que Valencia aparece en siete de sus libros; su restaurante favorito, La Pepica, en la playa de Malvarrosa, se volvió su segunda casa, y por sus mesas también pasaron los reyes de España y el pintor Joaquín Sorolla. Existe incluso una fotografía histórica, tomada por el legendario fotógrafo taurino “Canito”, en la que Manolete, Cantinflas y Orson Welles comparten, entre risas, una misma paella. Michelle Obama la probó con alioli durante su visita oficial a España, y el presidente Franklin D. Roosevelt fue asiduo a su prima estadounidense, el “arroz con pollo” que se servía en el neoyorquino Delmonico’s.


      Un plato que cruzó el Atlántico para instalarse en la Roma

      Esa misma capacidad de seducción —la que ha conquistado a escritores, monarcas y estrellas de cine— es la que Fran López ha sabido traer a la Ciudad de México. En Fran Roma, el chef toma la receta que durante siglos se ha defendido y discutido en Valencia, y la interpreta con una sensibilidad propia: el respeto absoluto por el arroz como protagonista, el fondo bien construido, el socarrat que todo buen paellero persigue, y un producto mexicano que dialoga con la tradición mediterránea sin traicionarla.



      No es casualidad que la paella siga siendo, siglos después de su nacimiento campesino, un plato que reúne gente alrededor de la mesa —en Valencia existe incluso una expresión, “anar de paella” (ir de paella), para describir ese ritual social completo. Fran López ha entendido esa esencia: en Fran Roma, la paella no es solo un platillo del menú, es la razón por la que las mesas se llenan de conversación, de sobremesa y de comensales que regresan buscando el mismo sabor que ya se les quedó grabado.


      El paladar mexicano, conquistado

      Así como La Pepica se convirtió en el lugar donde Hemingway quería estar, Fran Roma se ha ganado un lugar similar en el mapa gastronómico de la Ciudad de México: el sitio donde comer una paella dejó de ser una excepción para convertirse en un ritual propio. Fran López no solo reproduce una receta con siglos de historia —la reinterpreta, la hace suya, y en el proceso conquista paladares que, como los de Hemingway o Manolete en su momento, encuentran en esa sartén compartida algo que va mucho más allá del arroz.




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          En el Hotel Pierre Mundo Imperial, 
          los viajes no solo comienzan frente al 
          mar, sino también con un gran bocado




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          Descubre cómo ambas experiencias  se encuentran en la mesa,  donde los sabores de Acapulco adquieren nuevas historias, entre ingredientes, técnicas y una cocina que invita a quedarse un poco más.

          Bajo la propuesta del chef Carlos Ulloa, la gastronomía de Pierre apuesta por platillos con carácter, de esos que despiertan la curiosidad desde la primera mirada y sorprenden con cada textura. El Lechón Confitado y el Parmentier de Pato son dos de las propuestas que mejor cuentan esta historia.

          El primero llega en forma de un delicado lingote de lechón, confitado durante 8 horas para conseguir una textura suave y profunda, acompañado por un guiso de lentejas, elote baby glaseado en piloncillo y un fondo de guajillo. Una combinación que reúne notas dulces, especiadas y reconfortantes en un solo plato.



          El Parmentier de Pato propone otra ruta de sabores; pato confitado y deshebrado sobre un puré de plátano macho con especias, acompañado de champiñones, shiitake, setas, ensaladilla de quelites y una salsa de vino tinto al pesto. Un plato de contrastes que convierte ingredientes reconocibles en una propuesta inesperada.



          Y quizá ese sea el mejor pretexto para hacer las maletas, viajar a Acapulco con ganas de descubrir algo más que sus paisajes. Porque después de una comida así, el día puede continuar con los pies en la arena, horas de sol tropical o alguna de las experiencias imperiales, ya sea una pausa de descanso frente al Pacífico con un relajante masaje en el spa, la visita a un encuentro deportivo o un espectacular concierto, un sinfín de opciones de entretenimiento que forman parte del universo de Mundo Imperial.



          Acapulco tiene muchas maneras de disfrutarse pero en Pierre Mundo Imperial, también se saborea. 


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