13 de noviembre de 2017

Cillar de Silos se esmera en ofrecer los mejores ejemplares de tempranillo de la DO Ribera del Duero




Por Dr. Salsa
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Ante la crisis económica, las bodegas españolas en general, han encontrado en las exportaciones un escudo contra tiempos difíciles. Desde luego, eso ha sucedido no sólo por su experiencia en el oficio sino también por un producto de calidad en sus diferentes categorías. De acuerdo a cifras del Observatorio Español del Mercado del Vino, en el 2012 el vino español facturó 264 millones de euros más que el año anterior en una cifra cercana a los 2,500 millones de euros, lo que representa un aumento en valor del 11.8%. La percepción de analistas es que si bien la venta del vino a granel ha disminuido, ha aumentado la venta de vinos embotellados y se han apreciado los vinos de alta gama.

Dentro de la vasta oferta de vino español, ha sido la D.O. Ribera del Duero una de las regiones que de forma acelerada ha alcanzado prestigio a nivel mundial. El manejo de contraetiquetas (sellos de autenticidad de la D.O. que deben ser colocadas en las botellas) es un buen indicador del crecimiento de la producción. En 1982 se entregaron 560,000 contraetiquetas. En los treinta años subsecuentes la entrega de estos sellos de calidad se ha multiplicado, llegando a 77.5 millones para el año 2012.

Una de las bodegas que desde los años noventa ha contribuido al renombre de la región a través de productos de calidad, ha sido Cillar de Silos. Empresa netamente familiar fundada por Amalio Aragón en conjunto con sus hijos en 1994. Ahora es la nueva generación quién lleva las riendas de la bodega repartiéndose las tareas entre ellos: Roberto Aragón es el gerente y responsable de la parte comercial de la empresa. Su hermano menor, Óscar Aragón, se formó como enólogo y ahora es el director técnico y responsable de viticultura de Cillar de Silos. Su hermana Amelia Aragón, quizá se quedó con las tareas más agradables del oficio: viaja alrededor del mundo como directora de exportación.

Cillar de Silos basados en una tierra privilegiada origen de excelentes vinos cuenta con una tradición que se documenta desde hace siglos. En la época medieval, los vecinos del pueblo de Quintana del Pidio, donde se asienta la bodega, llevaron los mejores vinos de su cosecha al monasterio de Santo Domingo de Silos -de ahí el nombre de la empresa- para garantizar la bendición de la próxima añada. Los frailes reunieron los mejores vinos de la zona en sus bodegas y por lo tanto, la bodega del monasterio de Silos se convirtió en esa época en el lugar idóneo para encontrar los mejores vinos locales. En nuestra época el monasterio no se dedica a estos menesteres, sin embargo Cillar de Silos conserva la tradición. Con la palabra “Cillar” los propietarios de la bodega desean destacar la figura del Cillero como el responsable de la despensa, el encargado de que no faltase el pan y el vino.

En 1995 fue la primera cosecha de Cillar de Silos, pero la historia de la bodega inicia en la década de 1970 cuando Amalio Aragón con una gran visión empezó a adquirir parcelas de viñedo de cualidades excepcionales en la Ribera del Duero. La región empezaba a destacar por los vinos elaborados con la variedad de Tempranillo y años después, en 1982 se aprueba la D.O. Ribera del Duero. La empresa elabora en la actualidad alrededor de 340,000 botellas por añada, a partir de viñedos de una media de altura de 860 msnm, que rodean el pueblo de Quintana del Pidio.

Óscar y Roberto Aragón, copropietarios de Cillar de Silos

En su visita a México, Roberto Aragón copropietario de la bodega presentó en conjunto con la cadena de tiendas especializadas La Naval en el restaurante D’Kírico al sur de la Ciudad de México, las líneas de vino Quintanal y Cillar de Silos. A la vez que se  fue desarrollando la cena y presentando los vinos, Roberto Aragón respondió dudas y comentarios del público asistente, clientes seleccionados de la cadena de tiendas y prensa especializada.

El saber hacer de los Aragón quedó patente en los vinos presentados. El vino Quintanal Verdejo de Valladolid, D.O. Rueda es un vino color amarillo paja con destellos dorados y ribete transparente en dónde destacaron los deliciosos aromas a manzana verde, notas ligeramente herbales y mentolados. En paladar fue un vino con cuerpo acompañado de una refrescante acidez pero que soportó los aromas a frutas dejando un final medio que recordó las flores de manzanilla, un excelente vino para contrarrestar los efectos de un clima caluroso.

Por otro lado el vino Quintanal Tempranillo de la Ribera del Duero, de color rojo rubí de alta concentración con ribete violáceo mostró atractivos aromas a grosella fresca y un poco de especies que se confirman en paladar en dónde una suave tanicidad y acidez acorde dejan espacio para los aromas a frutas rojas y a un final medio que recuerda el café tostado. Un fantástico vino que es fácil de disfrutar y quizá podría convertirse en el vino de diario del aficionado que busca una excelente relación calidad precio.

Cillar de Silos 2009, elaborado cien por cien con uva tempranillo mostró su Señorío a la vista, olfato y en paladar.  En copa encontramos un vino de color cereza obscuro con ribete rosado. De gran potencia aromática, atrapa los sentidos con atractivos aromas a grosella y zarzamora maduros, complementado con notas elegantes a hongos y hojarasca de bosque. Cualidades aromáticas que se complementan con notas especiadas como la canela y pimienta que dejan paso a un largo retrogusto que recuerda el café tostado. Un producto para el aficionado que busca una excelente muestra de la calidad de la variedad tempranillo en la Ribera del Duero.

El festín continuó con el vino Torresilo 2008, otro monovarietal basado en la tempranillo pero elaborado con uvas seleccionadas de los Pagos, del Montecillo, Cascajos y Llanillo: viñas viejas prefiloxéricas que le aportan concentración aromática y complejidad. En color un vino color cereza obscuro con ribete ligeramente teja, en nariz inicia un viaje aromático que se va transformando lentamente en copa. Aroma a ciruela negra en conjunto con grafito, va evolucionado con nuevas familias aromáticas que recuerdan el humo, nuez, moca. En paladar es un vino de ataque suave que confirma los aromas a frutas negras maduras con acidez justa y taninos pulidos en gran equilibrio. De final largo que recuerda la uva pasa, definitivamente un excelente vino que muestra el potencial de la variedad tempranillo en la Ribera del Duero.

Para dar término con otro excelente vino, en D’Kírico se sirvió el Flor de Silos otra expresión de tempranillo de la región que en copa mostró los aromas a moras, acompañados de notas florales, grafito, balsámicos y tabaco. En paladar un vino con cuerpo pero con mucho equilibrio entre sus componentes, taninos limados y de largo final que recuerda la uva pasa. Un producto de gran sutileza y de agradables características.

Roberto Aragón concluye la cena comentando las características geográficas que hacen posible vinos de gran calidad, suelos arenosos y grava, arcilla en algunas zonas. Viñedos rodeados por laderas que favorecen un notable diferencial térmico entre el día y la noche, fundamentales para la correcta maduración de las uvas, más la pasión de una familia dedicada por entero al oficio dan por resultado diferentes líneas de vinos de una excepcional relación precio-calidad.



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