17 de julio de 2016


Por Entre Copas y Corchos

El café es una de las bebidas más populares del mundo. Se considera que es el líquido más consumido, después del agua, en el mundo.

Sin embargo, el café es más que una bebida, es un recuerdo, una expectativa y momentos de modesto placer insertados en nuestra vida.

El éxito del café como bebida se debe tanto a la cafeína que contiene como al placer sensorial que proporciona. Los amantes del café lo asocian a un impulso de la energía por la cafeína sumado a la riqueza aromática que proporciona.

El café es producido de las semillas de los frutos rojos (algunas veces amarillos) de una plata de tamaño medio entre arbusto y árbol llamado cafeto. El proceso que transforma esas semillas en una bebida es un proceso relativamente complejo.

También es el resultado de un proceso que requiere mucho trabajo involucrando colaboración intercontinental que inicia con el productor de café, luego con las personas que cosechan el fruto del cafeto, después el llamado "beneficio". Existen dos manera de "beneficiar" para extraer las semillas del café. Por un lado el lavado, el fruto se desgrana, se extrae el mucílago, se lava y después se secan sus semillas. Y por otro lado el natural, cuando el fruto se seca por entero.

Luego sigue el proceso de tostado, vital para obtener diferentes perfiles de café para satisfacer distintos gustos del consumidor. Y finalmente llega los baristas para preparar la bebida.

Cada etapa del camino debe ser realizado con pasión y precisión. La calidad resultante es acumulativa con la contribución de cada etapa y hace la diferencia entre una taza desabrida o una excepcional.


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