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Un viaje sobre la búsqueda
de identidad y experiencia
en el disfrute del vino









Por Liliana Cano

IG: @lilianacanno


¿Qué sucede cuando un mismo vino se prueba con casi dos décadas de distancia?

La respuesta no está solamente en cómo cambia con los años, sino en todo lo que ocurre entre una cosecha y otra. Las decisiones de quien lo hace, las condiciones de cada vendimia y sobre todo, la manera en que un mismo origen encuentra nuevas formas de expresarse.

Eso fue lo que permitió descubrir una cata vertical de Ícaro 2005, 2012 y 2021. Un extraordinario evento organizado por Alberto Cervantes, mejor conocido como SommGeekMx (https://www.instagram.com/sommgeekmx/) y Unique Wines. En dónde se presentaron tres añadas de un mismo vino que, más que mostrar una evolución lineal, revelaron la transformación de una idea.

Desde su primera añada, José Luis Durand, reconocido enólogo, ha construido su propuesta alrededor de una pregunta: “¿Cómo conseguir que el vino exprese con la mayor claridad posible el lugar del que proviene?”. Bodegas Icaro nació en Ensenada en 2005 y desarrolló una filosofía que el propio Durand define desde la enología aromática, una manera de entender el vino en la que el olfato se convierte en una herramienta para reconocer su identidad.

Y quizá por eso la mejor manera de conocer esa filosofía no es comenzar hablando de ella, sino poniendo tres copas sobre la mesa.


2005 - El comienzo

La primera fue Icaro 2005, una botella que habla desde la madurez.

En nariz aparecieron primero aromas frutales. Conforme el vino se abrió, comenzaron a surgir notas más profundas, terrosas y de bosque húmedo, con recuerdos de champiñones. A la vista mostró un color oscuro e imponente.

En boca fue untuoso, amplio y sostenido por una acidez viva, acompañada de un delicado toque mineral. Una acidez que no le resta volumen, sino que lo mantiene vivo y en equilibrio.

Hay algo revelador en esta primera copa, y es que el paso del tiempo, no había borrado el carácter del vino. Lo había llevado a otro lugar.


2012 - Una idea que evoluciona

Siete años después, Icaro 2012 muestra cuánto puede cambiar un vino sin dejar de ser reconocible.

Esta añada fue también un ensamblaje dominado por Nebbiolo y Cabernet Sauvignon.

El resultado fue un vino complejo y preciso, con fruta roja y oscura, especias y notas más profundas, además de una textura redonda y un final prolongado.

Frente al 2005, el 2012 se siente como una nueva interpretación de Ícaro.

Y ahí comienza a aparecer uno de los rasgos más interesantes de la bodega, la identidad no está en repetir una fórmula, sino en encontrar la mejor manera de expresar el vino en cada momento.


2021: el origen toma protagonismo

La tercera copa llevó esa búsqueda hasta el presente.

Icaro 2021 está elaborado con 53% Nebbiolo y 47% Cabernet Sauvignon, provenientes del Valle de Guadalupe. La fruta se cosecha manualmente y el vino fermenta sobre sus pieles con pisoneos suaves, antes de pasar 12 meses en barrica de roble francés y permanecer otro año en botella antes de salir al mercado.

Aquí sucede algo particularmente interesante.

Con los años, el ensamblaje se ha simplificado, pero la intención se vuelve más precisa. Hoy la propia bodega explica a Ícaro como un encuentro entre Nebbiolo de suelos arcillo-graníticos de las faldas del Valle y Cabernet Sauvignon de los Arenales, a orillas del río seco.

Es decir, la evolución de Icaro no solamente puede leerse en la botella. También puede leerse en la manera en que Durand ha ido entendiendo sus uvas y el lugar que cada una ocupa dentro del vino.

Y entonces las tres copas empiezan a contar una misma historia:

2005 muestra el origen.

2012, la búsqueda.

2021, una expresión más precisa.

Pero también cuentan algo más: casi dos décadas de aprendizaje, entendimiento y evolución.


Más allá de la copa

Quizá una de las reflexiones más interesantes que deja una cata como esta tiene que ver con la manera en que nos relacionamos actualmente con el vino.

Hoy es común hablar de cuándo hay que tomar un vino, con qué platillo acompañarlo o cuál es la ocasión correcta para abrir una botella. Pero frente a estas tres añadas aparece otra posibilidad… simplemente disfrutarlo.

Beberlo por lo que es. Por lo que expresa. Por la belleza que puede contener.

Porque detrás de cada botella existe también una búsqueda: la intención de capturar algo bello de la viña y llevarlo hasta la copa.

Y eso requiere tiempo. Tiempo para entender una variedad, observar una cosecha y aprender de ella. Tiempo para experimentar, ajustar y expresar. Tiempo, también, para descubrir que un vino no necesita permanecer igual para conservar su identidad.

En ese sentido, las tres añadas de Icaro pueden entenderse como distintas etapas de un mismo proceso, un proyecto que ha aprendido a escuchar mejor a su viña.








Lo que permanece

Después de probar 2005, 2012 y 2021, la conclusión más interesante no está en decidir cuál añada es mejor.

Está en observar qué permanece la intención de hacer que Icaro sea reconocible por su capacidad de expresar un lugar, un momento y una sensibilidad.

Y ahí aparece también el papel de los aromas, porque un vino puede hablarnos de una viña, pero también puede llevarnos a una nota particular que puede devolvernos, incluso por un instante, a un momento que creíamos olvidado.

El vino puede ser territorio, pero también memoria.

Quizá por eso una cata vertical resulta tan reveladora. No se trata únicamente de probar cómo envejece un vino, sino de observar cómo una idea se transforma con el paso del tiempo sin perder aquello que la hace reconocible.

2005, 2012 y 2021 no son solamente tres botellas de Ícaro. Son tres momentos de una misma búsqueda que consiste en aprender a mirar el vino como una forma de expresar la belleza de un lugar.


Conoce más de la experiencia en IG de sommgeekm aquí y aquí


Sobre Liliana Cano: Publicista y PR, amante de la música, la pintura y las aceitunas. Entre campañas, eventos y restaurantes, siempre hay algo nuevo que quiero probar, crear, aprender o contar.



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      Vinos La Celia
      demostraron la
      gran calidad del
      vino argentino
      del Valle de Uco




      Por sommelier Martín Miretti


      El pasado 20 de agosto, el restaurante Rincón Argentino se convirtió en el escenario de una experiencia enológica y gastronómica de alto nivel con la presentación de las líneas Reserva, Pioneer y Elite de Bodega La Celia, ícono del Valle de Uco en Mendoza y referente indiscutible del vino argentino.

      La presentación estuvo encabezada por Andrea Ferreyra, enóloga principal de la bodega, quien cautivó a los invitados al relatar la historia de Eugenio Bustos, fundador visionario que introdujo las primeras cepas de Malbec en el valle a fines del siglo XIX, dando origen a un legado de innovación y excelencia que perdura hasta hoy. Con detalle y pasión, Ferreyra compartió los meticulosos procesos de vinificación de La Celia, desde la selección manual de racimos y la fermentación controlada, hasta la crianza en barricas de roble francés que aporta estructura, complejidad y elegancia a cada etiqueta.








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      Sobre Martin Miretti: Originario de México, egresado del programa de Relaciones Internacionales por el ITAM y MBA por el ITESM. Egresado del programa de Sommelier Profesional por la AMS y certificado por el WSET. Ha trabajado como sommelier, director de A&B y Gerente General de hoteles y restaurantes. Ha desarrollado eventos, festivales gastronómicos y proyectos de desarrollo rural basados en la cultura gastronómica. Amante por los sabores y por convertir catas y aventuras culinarias en entretenidos viajes por la vida.

      Instagram: @eldevinos



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