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En comparación con 2025, el millón de 
pasajeros en tránsito se alcanzó un mes 
antes, como resultado del trabajo de 
vinculación con las principales navieras y de 
la confianza que ha fortalecido el destino




Por Editores de Copas y Corchos
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El programa de difusión de la Secretaría de Turismo permitió, por primera ocasión, la apertura de un módulo de atención e información turística directamente en el muelle.

Por segundo año consecutivo, Baja California supera su récord de pasajeros en tránsito como parte del turismo de cruceros en Ensenada, antes de lo previsto. Al cierre de la primera semana de septiembre, el puerto bajacaliforniano superó el millón de visitantes.

El Secretario de Turismo, Miguel Ángel Badiola Montaño, explicó que este resultado es reflejo del trabajo cercano que la Entidad mantiene con las principales compañías marítimas del mundo, así como de la confianza que ha ganado el destino entre los viajeros, gracias a su servicio, hospitalidad y oferta turística.

"En Baja California vamos juntos. Aquí avanzamos todos. Este no es un triunfo de la Secretaría de Turismo, sino de esas personas que se encargan de que cada día los viajeros descubran los sabores, las experiencias inigualables y la esencia de una región que destaca por su calidez, su gente y su vocación de servicio", dijo el titular de la dependencia.



En cuanto a las cifras, durante 2025 el puerto de Ensenada alcanzó 1 millón 9 mil pasajeros al 9 de octubre. Para llegar al millón de visitantes se requirieron aproximadamente 267 cruceros en 2025; en tanto, para 2026 fueron 263.

Tan sólo el pasado mes arribaron 32 cruceros, que representaron la llegada de 130 mil 62 personas provenientes de los navíos. Por su parte, el promedio de pasajeros en tránsito por embarcación aumentó 1.65%, al pasar de 3 mil 750 en 2025 a 3 mil 812 en 2026.

Estas cifras forman parte de una estrategia sostenida que contempla tres líneas de acción: la vinculación con el sector naviero a través de cumbres y mesas de trabajo; la campaña de difusión internacional del destino y sus atractivos; así como el apoyo y orientación a los visitantes mediante los diversos módulos y operativos.

En este sentido, en 2023  la misma meta de pasajeros en tránsito se cumplió hasta diciembre, lo que da cuenta del avance que ha tenido el segmento marítimo y del resultado de las acciones emprendidas para fortalecer la llegada de visitantes a nuestro sector del Pacífico mexicano.



Badiola Montaño aseguró que la relevancia de hechos como este también se refleja en el beneficio que reciben nuestras comunidades, al impulsar actividades como la gastronomía, el entretenimiento, los espacios turísticos y la operación de servicios vinculados con la actividad turística, entre otros, como parte del Bienestar Compartido.


Impulso al talento de casa

Como parte de las acciones para impulsar el talento bajacaliforniano y vincularlo con las oportunidades laborales que genera el segmento de cruceros, la Secretaría de Turismo, en coordinación con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), proyecta realizar dos ferias del empleo durante lo que resta del año. Estas iniciativas dan continuidad a la primera feria especializada, celebrada en agosto en el Centro Cultural Riviera de Ensenada, con la participación de al menos 400 personas.



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      Los viñedos son mucho más 
      que un paisaje, son una forma 
      de entender el tiempo





      Por Editores de Copas y Corchos
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      En los días previos al verano, los valles vitivinícolas de Baja California revelan uno de los momentos más luminosos de su ciclo. Entre montañas ocres, caminos de tierra e hileras de vid cubiertas de brotes verdes, delicados y vibrantes, el paisaje refleja la energía de la brotación, esa etapa en la que el viñedo despierta y transforma el territorio. Las tardes se alargan, la luz adquiere una nueva intensidad y el desierto se matiza de verdes suaves que anuncian la llegada de una temporada marcada por la abundancia y la maduración.

      En este momento del año, recorrer estas regiones es mirar el vino antes del vino; aún no aparecen los racimos que definirán la vendimia ni la intensidad propia del verano, pero sí una sensación de plenitud que se percibe en la tierra, en el viento que desciende de las montañas y en la forma en que cada valle expresa su carácter según la altura, la cercanía al mar o la textura de sus suelos.



      También es una de las mejores temporadas para vivir el enoturismo en Baja California; las terrazas se abren a una luz suave, los caminos rurales conservan frescura y el aire mantiene un equilibrio limpio que acompaña los recorridos entre vegetación reciente y aromas de tierra viva, todo ocurre en una transición silenciosa donde el vino aún no llega a la copa, pero ya está presente en el ambiente, como una promesa suspendida entre la luz y el tiempo.



      En el Valle de Santo Tomás, el origen se siente, pues aquí nació la tradición vitivinícola de la región y el territorio conserva una memoria que sigue viva entre caminos antiguos y suelos trabajados por generaciones, en este punto se encuentran las Bodegas de Santo Tomás, fundadas en 1888 y consideradas como el conjunto arquitectónico más antiguo dedicado al vino en Baja California, en este sitio se cuenta el inicio de una historia que marcó el desarrollo económico, social y cultural de Ensenada, entre muros de ladrillo, piedra y madera que resguardan una herencia que no solo pertenece al pasado, sino que sigue presente en la forma en que el vino se entiende en la región.

      Durante esta temporada, este punto de origen adquiere otra lectura; la vegetación nueva contrasta con la solidez de las construcciones, la luz suaviza los espacios antiguos y todo parece moverse entre memoria y presente, como si el inicio del vino no fuera un momento cerrado, sino una continuidad viva.

      Desde ahí, el recorrido avanza hacia el Valle de Tanamá, cerca de Tecate, donde la tierra se vuelve más áspera y el viento desciende desde la sierra con un aire frío que limpia el horizonte, encinos, piedra caliente y caminos largos dibujan una geografía más silenciosa, donde el verde aparece con discreción, sin alterar la calma del lugar.

      En ese escenario surge Encino de Piedra, una vinícola boutique ubicada en el histórico Rancho Tecate, donde la montaña y las rocas forman parte del mismo relato natural del viñedo, el proyecto está encabezado por el enólogo Andrés Blanco, quien ha desarrollado una visión profundamente ligada al territorio, dando forma a vinos frescos y elegantes que reflejan el carácter mineral de esta región.

      El nombre de esta vinícola proviene de un encino que crece entre rocas en lo alto de la montaña, símbolo de resistencia y permanencia, mientras que los brotes de vid se dejan ver por hileras en tanto la luz suaviza cada superficie, haciendo que el lugar se sienta cercano, íntimo, casi detenido.



      Muy cerca, Casa Veramendi se abre como una historia construida desde el arraigo en el Valle de Tanamá, impulsada por Lucy Veramendi e Isabel Ibáñez, quienes transformaron un antiguo rancho de uva de mesa en una vinícola donde la sensibilidad del proyecto se refleja en cada detalle, desde la forma en que el viñedo se integra al terreno rocoso hasta la manera en que la hospitalidad define la experiencia, aquí el paisaje no se impone, se acompaña, la tierra conserva su carácter original y el vino se entiende como una extensión natural de ese entorno donde las estaciones se sienten de forma cercana, entre luz suave, viento constante y una calma que envuelve todo el recorrido.

      Más hacia el Valle de Ojos Negros, el paisaje se abre como una depresión natural rodeada de montañas, donde el territorio adquiere una amplitud distinta y el horizonte se expande con una calma profunda, es una zona marcada por la presencia de manantiales que dieron origen a su nombre, antiguos puntos de agua que contrastaban con la tierra seca del entorno y que hoy siguen marcando la lectura simbólica del valle entre vida y aridez.

      Aquí el territorio conserva también una memoria histórica vinculada a antiguos asentamientos y actividades mineras, huellas silenciosas que permanecen en el paisaje y conviven hoy con la agricultura y los nuevos proyectos vitivinícolas, en un entorno donde la naturaleza marca el ritmo y la escala humana se integra sin imponerse.

      En este espacio, Infinito se concibe como una vinícola nacida desde la contemplación del horizonte, donde los viñedos no buscan romper la geografía sino integrarse a ella con naturalidad, siguiendo las líneas del valle y su escala abierta; aquí el paisaje no se interviene, se acompaña, y la experiencia se construye desde la continuidad entre tierra, luz y distancia, como si el vino se formara a la misma velocidad con la que el entorno respira.

      Por su parte, Dominio de las Abejas surge desde una visión profundamente ligada al equilibrio del ecosistema, donde el viñedo convive con polinizadores, flora nativa y prácticas regenerativas que sostienen la vida del campo; es un proyecto donde la agricultura no se entiende de forma aislada, sino como parte de un sistema vivo que en estas fechas se activa por completo, entre movimiento de insectos, floración silvestre y una energía que recorre el valle en sincronía natural.

      En el Valle de Guadalupe, la temporada transforma las colinas ocres en un territorio vivo donde los brotes recorren las laderas y la luz redefine caminos, viñas y casas vinícolas dispersas en el horizonte, aquí el vino se vive como parte de la vida cotidiana, una forma de habitar el valle donde tierra, arquitectura y trabajo agrícola conviven en un mismo ritmo.

      En esta temporada, el paisaje adquiere una intensidad particular; el aire se vuelve más limpio y seco y los recorridos entre terracerías revelan un territorio abierto donde cada proyecto dialoga con su entorno. En ese contexto, Adobe Guadalupe se levanta como un homenaje íntimo a la memoria de un hijo y al amor por la tierra, un proyecto donde la historia personal se transforma en relato vinícola, entre viñedos en ladera y una arquitectura que se integra al paisaje con una sensación de permanencia.

      Viñas de Garza, por su parte, se ha consolidado como un proyecto familiar que nace del trabajo cercano con la tierra y del cuidado constante del viñedo, desarrollado desde los años 2000 con una visión íntima de la vitivinicultura, donde cada etapa del proceso se atiende de forma directa y cuidadosa. Con el tiempo, ha crecido de manera orgánica, manteniendo una escala contenida que privilegia la expresión del terruño y una identidad construida desde la observación del campo y la relación constante con la tierra del valle.

      Más hacia el norte serrano, el Valle de la Grulla aparece como un paisaje donde la Sierra de San Pedro Mártir comienza a marcar el horizonte, con valles abiertos, vegetación silvestre y una sensación de aislamiento natural que lo conecta más con la montaña que con los circuitos tradicionales del vino; aquí el territorio conserva un carácter casi intacto, donde la escala humana se diluye entre la amplitud del paisaje y la presencia constante de la sierra.

      En este entorno, MD Vinos, propiedad de la familia Delgado, nace de un rancho agrícola que evolucionó hacia la vitivinicultura sin perder su raíz campirana, integrando viñedos, huertas y cultivos que conviven en un mismo espacio productivo donde el vino es una extensión natural de la tierra.

      A su lado, Palafox, fundada como Vinícola por Aldo César Palafox, mantiene viva una historia que crece desde la memoria familiar y se expande entre viñedos, arquitectura y jardines que miran hacia el campo, donde la experiencia se prolonga más allá de la copa y se integra al recorrido.

      Al visitar el Valle de San Jacinto, encontramos un territorio en plena transformación, donde el paisaje conserva una fuerte raíz agrícola entre extensiones de tierra trabajada y caminos rurales que conectan parcelas en transición hacia la vitivinicultura. Es una zona de Ensenada donde el clima mediterráneo marca el ritmo de las estaciones, con inviernos húmedos y veranos secos que definen una tierra luminosa, amplia y en constante evolución entre cultivo y viñedo.

      En este entorno surge Dubacano, un proyecto de los hermanos Gallardo que inicia en la década de los 80 con la distribución de uva de mesa y que, tras descubrir un rancho en esta zona, decide establecer una relación más cercana con el entorno natural, a partir de esa experiencia dan el paso hacia la vitivinicultura, integrando su historia agrícola con una visión enfocada en el desarrollo del vino mexicano como una propuesta de calidad construida desde el trabajo directo con el territorio.

      Al final, los viñedos son mucho más que un paisaje; son una forma de entender el tiempo. Entre brotes, luz y horizontes abiertos, cada región revela una historia distinta, pero todas comparten la misma esencia: recordarnos que el vino, antes de llegar a la copa, nace del territorio, de sus ciclos y de la relación profunda entre la tierra y quienes la recorren. En esa pausa luminosa que atraviesa los valles, el viaje no concluye, se transforma en una invitación a vivir el destino de cerca, a descubrirlo sin prisa y a dejarse sorprender por cada uno de sus matices, porque Baja California es para ti.


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          Hay destinos donde la 
          comida es parte central 
          del viaje y Baja California 
          es uno de ellos




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          Este 2026, la región presenta una agenda de festivales que reúnen a chefs, productores y proyectos locales en experiencias que combinan producto, técnica y creatividad.

          Baja California no solo destaca por su gastronomía; su geografía única, que combina mar, desierto y viñedos, permite disfrutar de paisajes espectaculares mientras se recorren pueblos costeros y rutas vinícolas, ofreciendo una experiencia que conecta sabores, cultura y naturaleza de manera auténtica.

          Durante el mes de abril, la región ofrece una serie de festivales que permiten vivir la gastronomía local de manera auténtica siendo Ensenada el escenario de dos grandes eventos; el primero Mesas Marinas en su sexta edición, con un menú de cuatro tiempos que une el talento de chefs y vinicultores con producto fresco del mar, este se llevará a cabo el día 18, mientras que al día siguiente, el XXVI Festival de las Conchas y el Vino Nuevo reunirá más de 160 etiquetas de vino acompañadas de platillos de mariscos, consolidándose como uno de los eventos gastronómicos más importantes del estado.






          Para quienes buscan nuevas propuestas, el 16 de mayo Mexicali será sede del Baja Coffee Fest, un espacio dedicado al café local con talleres, catas y actividades que permiten conocer más sobre su producción y perfiles de sabor.

          En verano, el 27 de junio, San Quintín celebra la décima edición del BeerFest San Quintín, un evento que combina cerveza artesanal, gastronomía regional y música en vivo en un ambiente relajado.



          Más allá de cada evento, estos festivales son una oportunidad para recorrer distintos puntos del estado, conocer a quienes están detrás de la cocina y entender la identidad gastronómica de Baja California desde el origen.

          Para consultar la agenda completa y planear una ruta de viaje, se puede visitar bajacalifornia.travel


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