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Un extraordinario
viaje por la prestigiosa
región de vinos



Por Ana Belen Ortiz

Sin necesidad de cruzar el océano, una máster class impartida por el sommelier mexicano Andrés Amor permitió descubrir la historia y la identidad de Rías Baixas a través de cinco vinos que reflejan el alma de una de las regiones vitivinícolas más fascinantes de España.

Hay regiones que se conocen caminando sus calles y otras que se entienden mejor al llevar una copa a la nariz. Así ocurre con Rías Baixas, la Denominación de Origen gallega que ha convertido a la uva albariño en una de las variedades blancas más admiradas del mundo. Ubicada en la costa noroeste de España, en la comunidad autónoma de Galicia, esta región se extiende entre las rías que penetran el Atlántico y un mosaico de viñedos donde la humedad, los suelos graníticos y la influencia marina moldean vinos de una personalidad difícil de imitar.

La Denominación de Origen Rías Baixas comprende cinco subzonas —Val do Salnés, O Rosal, Condado do Tea, Soutomaior y Ribeira do Ulla—, cada una con matices propios, pero unidas por un mismo hilo conductor: elaborar vinos capaces de expresar el paisaje del que nacen. No es casualidad que la crítica internacional la considere una de las grandes regiones de vino blanco del mundo; aquí, cada botella parece guardar un fragmento del Atlántico.




Albariño: la uva que aprendió a hablar el idioma del mar

Si Borgoña tiene al chardonnay y el Mosela al riesling, Rías Baixas encontró en la albariño su máxima expresión. Esta variedad autóctona ha demostrado que frescura y complejidad pueden convivir en una misma copa.

Cultivada en viñedos que, en muchos casos, descansan sobre tradicionales emparrados para favorecer la ventilación en un clima húmedo, la albariño desarrolla una maduración pausada que conserva su vibrante acidez y una intensidad aromática poco común. En ella aparecen con frecuencia recuerdos de lima, toronja, durazno blanco, pera, manzana verde y flores como el azahar o el jazmín, acompañados por una característica sensación salina que recuerda la cercanía del océano.

Pero reducir la albariño a un vino joven sería quedarse corto. En los últimos años, diversas bodegas de Rías Baixas han demostrado que la variedad posee una extraordinaria capacidad de evolución. Las crianzas sobre lías y los largos periodos de guarda aportan volumen, profundidad y nuevas capas aromáticas donde emergen notas de miel, frutos secos, cera de abeja y una mineralidad todavía más definida, sin perder la tensión que la ha hecho famosa.

Su versatilidad gastronómica explica buena parte de su éxito. Es el acompañante natural de ostras, mejillones, pulpo, pescados blancos y mariscos, aunque también encuentra afinidad con la cocina asiática, ceviches e incluso platillos ligeramente especiados.




Cinco vinos, una misma tierra en la máster class del sommelier Andrés Amor

Esa diversidad quedó de manifiesto durante la máster class ofrecida por el sommelier mexicano Andrés Amor en Sala de Cata, en Ciudad de México. Más que una degustación técnica, la sesión fue una invitación a comprender cómo una misma denominación de origen puede ofrecer expresiones completamente distintas sin perder su identidad.

El recorrido inició con Pazo Señorans Selección de Añada 2014, considerado uno de los grandes vinos de guarda de Rías Baixas. Tras una prolongada crianza sobre lías, mostró una nariz compleja donde convivían fruta madura, piel de limón confitada, flores secas y delicados recuerdos minerales. En boca destacó por su textura cremosa, profundidad y una acidez impecablemente integrada que prolongó el final durante varios segundos. Fue la demostración de que la albariño también sabe envejecer con elegancia.

La segunda copa correspondió a Viña Caeira Albariño 2022, un vino que apostó por la expresión más fresca de la variedad. Sus aromas recordaron a manzana verde, pera, cítricos y flores blancas, mientras que en el paladar predominó una sensación ligera, vibrante y muy refrescante, perfecta para entender por qué estos vinos son sinónimo de gastronomía costera.

Después llegó Terras Gauda 2024, una etiqueta que rompió con la idea de que todos los albariños saben igual. Elaborado con un ensamblaje donde la albariño convive con otras variedades tradicionales gallegas, ofreció una nariz amplia con notas de mandarina, durazno, fruta tropical y hierbas aromáticas. En boca apareció más estructurado, con volumen y un final largo que reveló la riqueza de los vinos del valle de O Rosal.

El cuarto vino fue Feitizo da Noite, elaborado con 100% albariño, cuya propuesta giró alrededor de la pureza varietal. Destacó por sus aromas de limón, fruta blanca y flores frescas, acompañados por una marcada sensación mineral y un sutil toque salino que parecía evocar el aire del Atlántico. Su paso por boca resultó fresco y persistente.

El cierre estuvo a cargo de Vionta Albariño, una interpretación elegante y equilibrada de la variedad. En la copa aparecieron notas de cítricos, manzana, pera y un delicado fondo floral. La acidez sostuvo el conjunto con naturalidad y dejó una sensación limpia que invitó a regresar una y otra vez a la copa.


Más allá de identificar aromas o aprender conceptos técnicos, la sesión permitió comprobar que cada vino cuenta una historia distinta sobre el mismo territorio. Cambian las manos que lo elaboran, el momento de la vendimia o la crianza, pero permanece intacto ese sello atlántico que convierte a Rías Baixas en un lugar único dentro del mapa vitivinícola español.

Hay quienes viajan para descubrir un vino; nosotros descubrimos una región gracias al vino. Desde Sala de Cata, en Ciudad de México, bastaron cinco copas para recorrer viñedos bañados por la brisa atlántica, imaginar los emparrados gallegos y comprender que el verdadero lujo de Rías Baixas no está solo en sus paisajes, sino en la capacidad de sus vinos para transportar a quien los bebe hasta el corazón mismo de Galicia.


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Sobre Ana Belén Ortiz Monteón es una periodista digital con una trayectoria versátil y en constante evolución. Egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, inició su carrera en El Universal, donde dio sus primeros pasos en el oficio en donde desarrolló una mirada enfocada en conectar con la audiencia y fue de las pioneras en crear una de las secciones del área digital del medio.

Más adelante se especializó en espectáculos, entretenimiento, estilo de vida, viajes, ciencia y cultura. Durante nueve años fue editora web de Food and Travel México, etapa en la que profundizó en la fuente gastronómica y en la creación de contenidos sobre experiencias culinarias. Actualmente forma parte del equipo digital de TelevisaUnivisión y ha colaborado con plataformas como The Drink Magazine, La Lista News y El Conocedor.

Apasionada de la cultura asiática, tiene un gusto especial por Japón y Corea. Disfruta descubrir nuevas tradiciones y siempre encuentra un buen momento para una cerveza fría o una copa de vino, especialmente blanco o espumoso. Y si lo amerita, un buena champagne.
IG: https://www.instagram.com/abelaynne/



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      Viñedos en Líbano









      Por Sommelier Carolina Díaz

      Instagram: carolina.diaz.sommelier


      En el Líbano una tierra cargada de historia y vocación, pero también de convulsión; surge un terroir único que otorga vitis vinífera y que se ha formado en siglos de tradición fenicia.

      Más de 5000 años hay que referir en el entendimiento de una cultura que sentó las bases de la vinificación y de la expansión del vino en el resto del mundo, pero a pesar del tiempo y de muy distintas bases sociales, políticas y religiosas, es necesario decir que cada civilización dejó su legado y que la suma de ellos resulta en la actual cultura vitivinícola de Líbano.

      De una gastronomía vasta, que sin duda, también es antecesora de todo lo que en el mediterráneo floreció y heredó hasta encontrar la actualidad; la tradición del mezze libanés recuerda que compartir siempre será el fundamento de una buena convivencia.

      De variados colores, sabores y aromas, es rico pensar en tabuleh, hummus, labne y hasta maamoul; que nacen en el seno familiar de la creación de las manos de las mujeres libanesas, esas mismas que son las encargadas de cosechar la vid en algunas bodegas de tradición.


      Viñedo en Líbano


      Monte Líbano, Zahle y el Valle de la Bekaa han sido desde siempre prolíficas tierras para el cultivo de la vid, sin embargo, el paso de los acontecimientos ha hecho lo suyo en un devenir de circunstancias, hasta que en el año 1857 a través de órdenes religiosas jesuitas se comienza la escritura de una página constante en la historia que se plasma en 30.000 hectáreas de cepas y se corona con vino.

      En el corazón del Valle de la Bekaa se albergan viñedos de altura, con un suelo arcillo calcáreo y un clima mediterráneo que sirve de majestuoso escenario de 50 bodegas.

      Chateau Kefraya, que desde lo convulso de una guerra civil, apostó por el tesoro escondido entre las vides, lo pulió con el esfuerzo de generaciones hasta convertirlo en herencia y futuro.

      Vinos que reflejan el terroir, desde monovarietales hasta excepcionales mezclas que engrandecen el resultado, elixires que suman potencial con el paso innegable del tiempo en barricas de roble francés y ahora, haciendo remembranza fenicia, en vasijas de arcilla.




      Sin duda, cada vino es una historia, pero tener el placer de apreciar el vino del Líbano es más que eso, es seducción en copa de una cultura de resiliencia, templanza y dedicación.

      Admiración y respeto es lo que se puede catar, pues quién tiene la fortuna de contar con la amistad de un libanés, tendrá siempre la buenaventura de la nobleza del ser.



      Sobre Carolina Díaz: Sommelier profesional egresada del programa de la Asociación de Sommeliers Mexicanos. Sommelier para importadoras de vino y experta en experiencias gastronómicas en Mérida Yucatán.



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