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Thermomix® TM7 ahora habla árabe y 
abre la puerta a más de 100 recetas 
inspiradas en sabores y tradiciones de 
distintas regiones del mundo árabe




Por Editores de Copas y Corchos
Instagram: @copasycorchos
Twitter: @copasycorchos

El aroma familiar de la cocina de la infancia, un plato preparado como lo hacía un ser querido o las historias compartidas alrededor de la mesa tienen el poder de hacernos sentir cerca de casa, estemos donde estemos. Recuerdos, identidad, pertenencia y vínculos entre generaciones también se preservan a través de lo que cocinamos. Por eso, para Thermomix®, “Nunca fue solo comida”. Ahora, la marca lleva esa conexión un paso más allá: por primera vez, la TM7 incorpora el árabe como opción de idioma y suma más de 100 recetas inspiradas en sabores y tradiciones de distintas regiones del mundo árabe.



La incorporación va más allá de traducir palabras. Con una nueva interfaz en árabe, navegación adaptada a la lectura de derecha a izquierda y teclado en este idioma, TM7 adapta su experiencia a la manera en que sus usuarios leen, buscan y cocinan, haciendo que la tecnología resulte más familiar, intuitiva y accesible para las comunidades de habla árabe, independientemente del país en el que se encuentren.

“Nuestra comunidad árabe ha estado esperando este momento, y estamos encantados de ofrecer finalmente el idioma árabe en Thermomix® TM7. La incorporación de este nuevo idioma es una respuesta a una comunidad apasionada que desea cocinar, descubrir y compartir experiencias con Thermomix® en un idioma que le resulta familiar”, explica el Dr. Thomas Stoffmehl, CEO de Vorwerk Group.


Más de 100 recetas para viajar por los sabores del mundo árabe

Esta nueva actualización abre la puerta a más de 100 recetas árabes que estarán disponibles para TM7, con inspiración culinaria de países como Marruecos, Argelia, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Irak, Túnez y Egipto, mostrando la diversidad de cocinas, ingredientes y tradiciones que conviven en esta región.

Desde una selección de mezze libanés pensada para compartir y kibbeh sirio moldeado a mano, hasta kabsa saudí con sus capas de arroz y especias, molokhiya egipcia terminada con ghee o un cuscús marroquí de textura ligera y esponjosa, cada preparación ofrece una manera de acercarse a los lugares, personas y costumbres que le dieron origen.



Para las comunidades árabes alrededor del mundo, estas recetas pueden convertirse en una forma de mantener cerca sabores familiares y transmitirlos entre generaciones. Pero la propuesta también funciona en el sentido contrario: para quienes se acercan por primera vez a estas cocinas, representa una invitación a descubrir su riqueza y diversidad desde casa, explorando platos y tradiciones de distintos territorios a través de Thermomix® TM7.


La comida como puente entre culturas y generaciones

Para quienes viven entre culturas o lejos de su lugar de origen, una receta puede cruzar fronteras y generaciones mientras conserva algo esencial: la conexión con personas, lugares y recuerdos.

Thermomix® TM7 se convierte así en una compañera para llevar esos sabores a las cocinas actuales y, al mismo tiempo, crear nuevas experiencias alrededor de la mesa.



Árabe en TM7: familiar, intuitivo y accesible

A partir del 22 de septiembre de 2026, el árabe puede seleccionarse directamente como idioma de TM7 sin importar el país donde se utilice. Al elegirlo, la interfaz cambia a una disposición de derecha a izquierda y el teclado permite escribir, realizar búsquedas y seguir la Cocina Guiada directamente en árabe.

La adaptación continuará creciendo dentro del ecosistema Thermomix®. Actualmente se desarrolla la versión en árabe de Cookidoo® app y web, cuyo lanzamiento está previsto para finales de 2026. Mientras tanto, los usuarios pueden continuar explorando recetas en todos los idiomas disponibles; el contenido de cada receta permanece en su idioma original dentro del entorno del dispositivo configurado en árabe.

Con la incorporación del árabe, Vorwerk no suma únicamente una opción lingüística a Thermomix® TM7. Acerca la experiencia a una comunidad que llevaba tiempo esperando utilizar el dispositivo en un idioma familiar y, al mismo tiempo, invita a nuevos usuarios a descubrir la diversidad gastronómica del mundo árabe.

Por eso “Nunca fue solo comida”: también son las historias que conservamos, las tradiciones que compartimos y las nuevas conexiones que creamos alrededor de la mesa.


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      La langosta de Puerto Nuevo 
      es uno de los platillos más 
      emblemáticos de México



      Por Editores de Copas y Corchos
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      En una cocina de madera y lámina, frente a la costa bajacaliforniana, una langosta recién salida del mar y la generosidad de un puñado de mujeres dieron origen a una de las historias gastronómicas más entrañables de México. Sin imaginarlo, aquellas mujeres estaban construyendo una tradición que, con el paso de los años, convertiría a Puerto Nuevo en un referente de la gastronomía de Baja California.

      Han pasado más de 70 años desde entonces y la tradición continúa, una tortilla de harina tan grande como un plato, mantequilla derretida que escurre tibia por los dedos, arroz rojo, frijoles refritos y una salsa de molcajete que despierta el paladar en el momento justo, todo servido frente a un Pacífico que pareciera posar para ser admirado. Es el mismo ritual, el mismo sabor y la misma hospitalidad que en la década de los 50’s convirtieron a un poblado de pescadores en uno de los destinos gastronómicos más reconocidos  del mundo.

      Puerto Nuevo, en Playas de Rosarito, era entonces poco más que un conjunto de palapas frente al mar, sin hoteles ni restaurantes, ni carretera pavimentada que anunciara su existencia, apenas mar abierto y frío, redes tendidas a secar sobre la arena y la promesa oscura y espinosa de la langosta roja de California que los pescadores rescataban del fondo rocoso con trampas hechas con sus propias manos, y fue en ese paisaje humilde donde comenzaron a llegar los primeros turistas cruzando la frontera en busca de la emoción de la pesca deportiva, ajenos por completo a que estaban a punto de descubrir mucho más que un buen día de mar.



      Al terminar la jornada, regresaban a tierra con su propia captura, orgullosos y hambrientos, y fue entonces cuando las esposas de los pescadores abrieron las puertas de sus casas y convirtieron sus cocinas familiares en improvisados comedores donde no había recetarios ni técnicas sofisticadas, sino apenas lo que había a la mano; sal, pimienta, mantequilla derretida y el limón justo para despertar cada bocado, y así, sin proponérselo, sin buscar reconocimiento ni fama, dieron forma a una receta que terminaría por definir la identidad culinaria de todo un estado.

      Lo que dio origen a esta tradición fue la más pura y sencilla hospitalidad de los lugareños, el genuino interés de compartir la mesa con quien llega de lejos, y ese gesto tan simple resultó ser, con el paso de los años, el ingrediente que ningún restaurante de lujo podría replicar jamás, esa autenticidad que solo nace cuando la comida se prepara con las manos de alguien que quiere que te sientas en casa.

      Hoy, como entonces, la preparación respeta lo esencial, la langosta se limpia con cuidado, se parte a la mitad y se sazona apenas antes de freírse hasta quedar firme y ligeramente dorada, para servirse después con mantequilla caliente y limón junto al arroz rojo, los frijoles refritos y esas enormes tortillas de harina hechas a mano, perfectas para envolver cada bocado tal como se ha hecho desde siempre, sin prisa y sin pretensiones, con las manos y frente al mar.



      Lo que comenzó como un favor entre vecinos y visitantes se transformó, con el paso de las décadas, en lo que hoy se conoce como la Villa Langostera, ese tramo entrañable de la carretera escénica que une Tijuana con Ensenada donde decenas de restaurantes familiares, muchos de ellos dirigidos todavía por las mismas familias fundadoras, mantienen viva la tradición y la heredan de generación en generación como quien hereda un secreto demasiado hermoso para guardárselo solo.

      Ese legado sostenido durante siete décadas por mujeres que jamás imaginaron estar construyendo un patrimonio, hoy impulsa la economía de toda una región, da sustento a familias dedicadas a la pesca, a la cocina y al turismo, atrayendo cada año a miles de visitantes que recorren la costa con un único objetivo, sentarse a esa misma mesa que alguna vez fue solo la cocina de una casa de pescadores y que hoy simboliza la identidad de todo un pueblo.



      Porque la langosta estilo Puerto Nuevo dejó de ser hace mucho tiempo una simple receta para convertirse en la prueba viva de que el patrimonio cultural no siempre nace en una academia ni en la mesa de un experto, sino en la generosidad cotidiana de quienes, sin saberlo, están tejiendo una tradición que sobrevivirá a todos;  y quizás por eso, cada vez que alguien se sienta frente a una langosta recién servida en Puerto Nuevo, está sentándose, de alguna manera, a la misma mesa donde todo comenzó, la de aquellas mujeres que con lo poco que tenían le regalaron a Rosarito uno de los platillos más emblemáticos de México, y al mundo, una de esas historias que se cuentan mejor con las manos untadas de mantequilla y la mirada puesta en el mar.



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          Durante las últimas décadas, Guadalajara 
          ha fortalecido su posición como uno de 
          los epicentros culinarios más dinámicos 
          de México




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          Esta ciudad multifacética ha sabido evolucionar su escena gastronómica local, logrando una armonía perfecta donde conviven los sabores más arraigados de la cocina popular, los pasillos llenos de vida de sus mercados tradicionales y las propuestas de autor galardonadas internacionalmente.

          Para los amantes del buen comer, la capital de Jalisco ofrece un catálogo de experiencias tradicionales sumamente diversas escondidas como joyas por descubrir. El viaje comienza con los grandes clásicos de la región como la tradicional birria y carne en su jugo —servidas con tortillas de maíz recién hechas— así como su emblemática torta ahogada hecha con birote salado, un pan crujiente cuya consistencia única solo se logra bajo el clima y la altitud de Guadalajara y que es capaz de absorber las salsas más exquisitas sin perder su textura. A lo largo y ancho de la ciudad se pueden encontrar excelentes opciones para degustar ambos platillos.



          La oferta de la gastronomía  se ha visto proyectada a nivel mundial gracias a que ha recibido reconocimientos internacionales como los que otorga la Guía Michelin, y que ha puesto bajo los reflectores el sazón callejero tapatío. Así, al recorrer Guadalajara el visitante puede descubrir los sabores auténticos que se encuentran en los más emblemáticos Mercados como el Alcalde y el de  Santa Tere, con propuestas como las gorditas de Tacos y Gorditas Elvira, o las fondas tradicionales como "La Mariquita" y "Amadita" donde con su propuesta de quesadillas fritas bañadas en salsa verde  o el cerdo con  verdolagas preservan la calidez de la cocina casera.



          Una parada obligada es Nejayote Molino, el cual con su excepcional oferta de alimentos y bebidas a base de maíz orgánico brinda una experiencia única. Aquí podrás degustar enchiladas de mole rellenas de cecina, huevos enhojados (cocidos sobre hoja santa), una gordita de chicharrón o su tradicional taco de chile relleno, que te hará chuparte los dedos. Todo acompañado por su bebida especial de la casa: Darkiss, hecho con cáscara seca de plátano.



          Mención aparte merecen las Tostadas Don Ramón, las cuales están ubicadas en el Barrio de Santa Tere y desde 1955 ofrecen tostadas de cuerito tradicional, además de pata deshuesada, oreja, trompa y pierna, todo acompañado con su salsa que le brinda un toque inigualable.

          La oferta gastronómica se complementa con los postres y bebidas de identidad local, como el tejuino —bebida ancestral a base de maíz fermentado y piloncillo servida con una bola de nieve de limón— o una refrescante nieve de garrafa, elaboradas de manera artesanal en contenedores de madera y metal. Pero lo que no puede faltar en cada visita es la joya de la corona: la jericaya,  el Crème brûlée mexicano, es un postre tipico jalisciense a base  de leche, huevo, azúcar y canela.  entre más quemada esté su cobertura, más dulce será el interior. 



          Con esta fusión única de folclor gastronómico y repostería artesanal, Guadalajara demuestra que su cocina es mucho más que alimentación: es una experiencia multifacética, un motor cultural y un reflejo de una ciudad que abraza su historia mientras innova hacia el futuro.



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